Historias cotidianas que solemos ignorar

Pobreza

El doctor que vivió en la calle

Eduardo Levaggi Mendoza, pobreza y defensa de las personas mayores

“Claro que he llegado a no tener donde vivir. Tuve un desahucio el 15 de febrero de 2015 y perdí todos mis bienes, perdí gran parte de mi vida. Allí tenía una gran biblioteca, una videoteca, tenía mi música. Vivía en Malasaña. Se me habían acabado los ahorros, no tenía trabajo, todo se había acabado. Dormí varios días en la calle, en la Plaza Luna, con mi gato y mi perra. Es muy difícil explicar lo que se siente cuando te quedas en la calle: impotencia, rabia, enorme vulnerabilidad, un desamparo muy grande, indefensión absoluta. Piensas en cosas que no deberías haber hecho. Es la orfandad, el olvido de muchísima gente. En fin, es una experiencia desoladora”.

Tengo delante el currículum de Eduardo. Entre otras cosas incluye: doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Hizo el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid entre los años 1992 y 1999. Su tesis se titula: La inserción del Uruguay en el área del Mercosur desde el periodo Protomercosur hasta el fin de la transición.

Eduardo Levaggi Mendoza. 64 años. Montevideo, Uruguay. Tiene un ligero acento uruguayo. “Soy homosexual o maricón, como prefieras, me gustan más las palabras españolas y no el anglicismo gay. Mi orientación sexual no es algo que me define del todo, es una parte de mí, soy muchísimas cosas más: las profesiones que he tenido, mi comportamiento social…”.

Eduardo aparece al otro lado de la pantalla del ordenador con un té y un cigarro. “Todo listo. Tengo muy poco que esconder, así que…”.

Estudios y más estudios

En Uruguay estudió para ser director de cine. “Como no me servía para vivir, después hice Relaciones Internacionales. Empecé a dar clase en la Universidad del Trabajo y me enteré de una beca para la Escuela Diplomática española. Me preparé, fui al examen y saqué el primer puesto en las oposiciones para venir becado a Madrid en 1991. Vine con idea de hacer el doctorado. Entonces fui becario también en Casa de América y había gente que me contrataba para dar talleres, editar libros… Estuve 10 años ilegal viviendo en España, inclusive haciendo estos trabajos como profesional extranjero. Conseguí la legalidad por la amnistía del año 2000”.

“No había contado con que el tiempo pasaba y cuando me graduaba con 44 años ya no tenía la edad suficiente para comenzar en la nueva profesión. Ya no me cogían en ningún lado y me tuve que bajar del caballo y reformular mi vida laboral. He trabajado en seguridad, en un call center. Me preparé en auxiliar en servicios sociales, después en formador ocupacional y nunca obtuve nada. Entonces me preparé como gerocultor para cuidar ancianos. Me especialicé en gente con alzhéimer y estuve diez años con ellos”.

“Otro problema que tuve fue que tengo una discapacidad del 65%: tengo EPOC y discapacidad visual muy importante. Llegó un momento en que ya no tenía la agilidad ni la capacidad física para cuidar a los ancianos y tuve que dejarlo. No trabajo aproximadamente desde 2009, soy un parado de larga duración. Había conseguido la pensión no contributiva y después recibí una herencia que me permitió completar la pensión no contributiva. Hoy continuo con la pensión de 395 euros al mes”.

Mascotas, piso compartido y comedor social

“Mira, esta es Victoria”, me dice enfocando la cámara hacia su perra. “Me lleva acompañando desde el día que España ganó el mundial”.

“Cuando el desahucio la trabajadora social me dijo que podía tener una casa si abandonaba a mi perra y a mi gato. Yo le dije que para mí era imposible, no iba a abandonarlos. Mis mascotas representan una fuente de afecto, de estabilidad. Mi perra y mi gato son dos seres que me demuestran todos los días que están agradecidos de haberme conocido, así que tengo la responsabilidad de cuidarles y darles la mejor vida posible. Además sabes que es importante tener obligaciones y me permiten no quedarme enrollado en mis pensamientos y continuar”.

Eduardo dedicó los días que pasó en la calle con su gato y su perra a pensar. “Tengo una enorme capacidad de resiliencia. Estuve pensando en las posibilidades de salir de la calle. Estuve pensando hasta revertir la situación. No estuve abandonado y que sea lo que Dios quiera. Así busqué otros recursos hasta que llegué a la Fundación 26 de diciembre”.

“La fundación es para colectivos vulnerables de lgtbi. Intentan que tengamos una vida digna mediante una vivienda estable. Y a ellos les parece bien que tengas mascotas. La vivienda la tengo a través del programa Vivir Contigo. Yo comparto casa con un matrimonio gay. En la casa se paga menos de lo habitual, pagas un porcentaje que también incluye luz, agua y gas. Luego internet lo pagamos aparte. Antes de la pandemia yo iba todos los días al comedor social. Allí comes y te dan la comida de la noche, y los viernes te dan la comida del fin de semana. Con la pandemia voy lunes, miércoles y viernes, y me dan la comida para llevar a casa”.

“Nunca me imaginé así. Yo planifiqué mi vida. El doctorado me costó mucho, es un esfuerzo que hice no para ser millonario, sino para tener una vida con ciertos mínimos, pero no fue así”.

Trabajar cuando tienes edad de jubilarte

–¿Te gustaría trabajar?

–Claro, lo intento desesperadamente. Me siento desaprovechado, no tengo un trabajo desde 2009. Me hace sentir que no participo del entorno y no es agradable de sentir. Estoy en búsqueda activa de empleo a través de internet, eso siempre. Estoy también en páginas de empleo para gente con discapacidad. También estoy ahora a través de la Aneca para que me autoricen y poder dar clase a nivel universitario. No me gustaría jubilarme nunca, uno asocia jubilación con inactividad. No es la idea que tengo. Me gustaría participar en proyectos educativos, sentirme partícipe de cosas que me interesan.

“Debo reconocer que yo trabajo, pero siempre son trabajos no remunerados: hago voluntariado en la fundación, doy clases de inglés a una vecina, he participado en un proyecto sobre Lavapiés –un documental que se presenta este año–, he participado en un proyecto que financió BBVA de los mayores en pandemia… Siempre estoy haciendo cosas, ya el cuerpo no me acompaña como antes pero la cabeza a tope. Cuando puedo aliviar o sentirme más o menos útil, colaboro”.

“Me molestaría morirme sin haber hecho más cosas, algo más importante, dejar una huella no tan indeleble”.

Envejecimiento activo

“Lo que más me interesa es la situación y el trato de los mayores. Desde mi experiencia como usuario hay que arreglar muchísimas cosas. En primer lugar tiene que haber gente preparada para trabajar con mayores. Yo he pasado por situaciones problemáticas, no se nos puede reprender porque me olvido de cosas o porque no me alcanzan 395 euros al mes. Hay que tratar con mucha delicadeza a la gente mayor”.

“El envejecimiento activo no es sacar al perro todas las tardes. Pobrecito el viejito, no es muy consumista y dentro de poco ya se nos va. Mucha gente piensa así. El envejecimiento activo es participar en proyectos, en la vida social. Que los mayores participemos y que haya transparencia con nosotros, no somos idiotas. Estas bases ya se sentaron en la conferencia de Naciones Unidas de Madrid del año 2002”.

“Físicamente yo me siento un poquito viejo, pero de ganas de vivir en lo más mínimo. No he perdido ni la curiosidad ni las ganas de aprender. Creo que mi tejido social me estima muchísimo. Quiero que la sociedad me vea como el tipo que se ha dedicado a aliviar la vida de la gente. La gente más cercana a mí ha contado conmigo, hasta me he llegado a casar para que un amigo mío no padeciera la huella de la ilegalidad que yo había padecido”.

“El coronavirus no me da miedo, siempre he vivido el miedo en su justa medida”.

–¿Te gustaría tener pareja?

–Después de la última no he querido más. No he encontrado a la persona idónea y quería concentrarme un poquito en mí. Así que ahora lo que tengo son amigos ocasionales y nada más. La situación económica influye a la hora de tener pareja, hay un desequilibrio, una asimetría, se dan situaciones de servidumbre muy desagradables.

“Yo lo que necesito es apoyo financiero, nada más”.

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  1. Virginia

    Eduardo, te recuerdo cómo mi un tipo divertido, comprometido y generoso. Te agradezco las horas y consejos que nos dedicaste a mi y a mi amiga en Madrid en el 97. Espero que la vida sea contigo más amable en el futuro.

  2. Javier

    Winnie. Eduardo. Uruguayo. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Situación complicada. No sé. La vida. Nunca sabes qué puede ocurrir. Crees tenerlo todo controlado y de repente la vida te sorprende. Hay que estar con los ojos muy abiertos. Así es. A mí a veces me comentan Javier tienes que ser más positivo, confiar más. Cada vez soy más escéptico ante las cosas lo reconozco y eso que soy bastante activo. La vida es muy bonita pero puede ser muy cruel. Un abrazo.

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