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Migraciones

El migrante de Gabón que vino a España por amor a la cultura

Alain Serge Nzinzi es de Gabón pero vive en España por amor a su cultura

“Mi hermana me pillaba hablando solo en español delante del espejo”, dice riéndose. “Yo quería pisar el suelo de Cervantes, ir donde había escrito Calderón”, sigue con pasión.

“Soy Alain Serge Nzinzi Nimayaba y tengo 37 años. Soy del sur de Gabón, un país de África central. Estoy viviendo ahora en un pueblo de Girona que se llama Jafre”.

Alain y yo estamos hoy juntos en Madrid porque ha venido a visitar a uno amigos. En su forma de hablar se nota que es extranjero, pero muy poco.

“Me vine a España por motivos de estudios, mi país me becó. Yo allí hice mi carrera de estudios hispánicos, soy hispanista de formación. Estoy haciendo la tesis sobre literatura hispanoafricana, sobre un escritor camerunés que lleva más de 40 años aquí”.

El enamoramiento adolescente que llegó hasta la edad adulta

“Con 14 años empecé a estudiar español en mi país, allí es la segunda lengua extranjera obligatoria. No sé si es el destino pero me enamoré de la lengua desde la primera clase. Me moría si no sacaba la mejor nota en español”.

“Mi familia me llama el español y para ellos es un orgullo. A veces cuando voy en vacaciones y mi madre me oye hablando por teléfono me dice en broma: mi hijo está hablando una lengua que no entiendo, ¿de verdad es hijo mío?”.

“Para mí era un sueño venir, conocer la cultura, convivir con los nativos, también por la parte exótica porque ¿por qué lo exótico tiene que ser de Europa a África? Para nosotros es exótico también. Mi país me becó por tres años para venir a hacer el doctorado y llegué el 23 de enero de 2014. Fue una mezcla de muchas emociones, llegué muy ilusionado, me sentía como un niño en Navidad que ha recibido sus regalos, además era la primera vez que salía de mi país y era para ir a mi país soñado. Éxtasis. Me voy a formar, voy a estudiar la cultura aquí y no en los libros. Por fin voy a pisar la Gran Vía que describían los textos, las calles de Madrid que describe Quevedo en El Buscón… Eran sitios que yo solo veía a través de libros”.

“Dejé Gabón por amor a la cultura y ahora el español lo considero mi lengua adoptiva, la lengua del amor porque la elegí yo y estoy madurando en castellano desde el punto de vista intelectual. Ahora me siento más cómodo redactando en castellano que en otra lengua”.

Cuando el amor platónico se convierte en la cruda realidad

“Para mí era enamoramiento y no ha sido fácil, así que si no tienes esta pasión… Primero llegué a Sevilla , en el máster que hice en mi país me especialicé en literatura y aquí quisieron que me pasara a historiador, yo lo consideré un engaño. Probé un año pero no podía… lo mío es la literatura. Y me cambié a Barcelona para poder hacerlo”.

“Tuve que pelear mucho la beca, había meses que no me pagaban a tiempo y al final terminaron cancelándola. Así es mi país. Eso me perjudicó muchísimo. Ninguno de los dos países me lo ha puesto fácil. Mi situación económica es insostenible por la inestabilidad, pero me cuesta salir de aquí, no quiero irme de España. Me han surgido oportunidades en Alemania y Francia, pero no quiero irme, mi sueño ha definido toda mi vida. Podría volver a mi país, allí aprobé las oposiciones de profesor de instituto, pero fue justo cuando me dieron la beca para venir”.

“Antes de la pandemia trabajaba de camarero y estoy cobrando un ERTE pero no es suficiente. Paralelamente soy profesor de español voluntario para inmigrantes y refugiados con Cruz Roja. Lo que no es fácil es conseguir un trabajo de profesor de español, cuando entrego mi currículum en academias de idiomas parece que como no soy español, aunque sea hispanista, no puedo ser un buen profesor. Es como si bastara con ser nativo para ser buen profesor de español y yo no lo creo. Me haría feliz, feliz, ¡feliz!”, dice mientras aplaude, “conseguir un trabajo de profesor de español”.

Racismo: algo inesperado en el objeto amado

“El racismo existe, no lo voy a negar. Me han gritado negro por la calle, lo más fuerte es cuando te lo dicen niños, que entonces piensas en la educación que están recibiendo. Yo soy un ser humano y no tengo que justificar mi humanidad, así que voy con la cabeza arriba. El racista es quien tiene el problema, no yo”.

“Si digo que soy americano, francés o británico el discurso cambia a si digo que soy africano. Me miran por encima del hombro, es una mirada de paternalismo, de tú no sabes nada. Me ha pasado trabajando como camarero que cuando se enteran de que soy doctorando cambia la mirada. Entonces te dicen ¡pero qué haces tú aquí, eres el que más formación tiene de todos nosotros! A mí eso me parece injusto porque yo quiero que me traten como un igual y cuando digo lo del doctorado siento que pasamos al clasismo y yo no quiero mendigar el respeto, quiero el respeto humano normal, no quiero que el respeto sea por lo que estoy haciendo porque ¿qué hay del que viene y no tiene estudios? ¿No es humano?”.

“Esto para mí –dice mientras se toca los brazos, la piel– es una ropa que la genética nos ha dotado, pero amamos, sentimos, lloramos igual. Yo antes de llegar a España no sabía que el color de mi piel podría ser un problema. España es diversa pero cuando veo la tele no veo esa diversidad: no veo latinos, no veo asiáticos… faltan referentes”.

“No me gusta la palabra integración porque quien se tiene que integrar es el pobre, al que tiene dinero no lo podemos obligar a que se integre. Para mí es la inclusión, conocer desde el punto de vista igualitario, compartir sin juzgar”.

Un relato migratorio diferente

“Eres la primera persona que me da la palabra y te lo agradezco mucho, así puedo dar mi visión como inmigrante. Hago esta entrevista porque pienso que hace falta que la gente escuche este discurso”.

“A mí me gustaría vivir entre mi país y España, yo aquí me siento en casa. Creo que mi relato migratorio es importante aquí y en mi país, es necesario porque tiene un contexto diferente. El relato que vemos es la valla, un muerto de hambre. Yo un día salía de la biblioteca y se cruzó una mujer conmigo que me ofreció una bolsa de magdalenas. Yo no entendía nada, pero le dije que no, le di las gracias y me fui. Luego me di cuenta de lo que había pasado y volví, entonces la mujer estaba tirando a la basura la bolsa de magdalenas. Ella baja con la intención de tirar la comida pero como se cruzó con un negro decidió regalársela. Es impactante que te pase esto. Mucha gente cuando te ve solo piensa que eres un muerto de hambre o te preguntan qué tal el viaje en patera. Te relacionan con la miseria, yo represento la miseria excepto cuando me ven en la universidad. Entonces me dicen qué bien hablas español y yo, por favor, soy hispanista. Es lo que pido, que me valoréis. Hay cameruneses, senegaleses que se han doctorado aquí y esto se olvida, hay africanos que venimos para estudiar. En el imaginario colectivo es difícil que me vean así: como alguien que ha venido a estudiar por amor a la cultura. Esto es un poco desilusión aunque lo tengo asumido y sé que mis amigos no me ven así”.

Aprender a creer en uno mismo

“Era la persona más feliz cuando llegué aquí, aunque con el tiempo llegó la desilusión. Aún sigo estando aquí por el amor a la cultura pero es frustrante. A veces pienso que soy un fracasado, que no he conseguido mi sueño: ser profesor de literatura y lengua española en una universidad de cualquier parte del mundo. Cuando tuve todos los problemas con la beca acabé solicitando la baja porque tuve depresión. Entonces quise volver a mi país, pero doy las gracias a Damián, a mi directora de tesis, en general a los amigos que he hecho aquí y que creen en mí porque cuando tú te sientes como una M –por no decir la palabra–, son los demás los que te dicen tú vales y por eso sigo aquí. Ahora, de hecho, vivo en casa de una amiga. Cuando tu directora de tesis te dice que merece la pena eso es un apoyo incondicional. Es esa chispa otra vez que te llega y entonces digo aguanta un poco más, no ha sido fácil, estudiaste muchísimo hasta llegar aquí”.

“Este es uno de los aprendizajes que he hecho en la vida: aceptar la ayuda de mis amigos cuando no tenía un duro, cuando miraba la cuenta y no sabía cómo iba a pagar m habitación. No ha sido fácil aceptar la ayuda, con 34 años pierdes tu autonomía. Yo con 23 años ya vivía independiente en mi país, soy de una familia humilde pero siempre he tenido. Fui independiente hasta los 30 que vine a España y eso es frustrante. Pero todo esto que me ha pasado me ha hecho reflexionar y me ha hecho más humano, ha sido un punto de inflexión que me ha dado fuerza para quedarme y he aprendido eso que dicen que recogemos lo que sembramos”.

“Yo ahora lo que me digo es tú has perseguido tu sueño, las cosas no han salido como querías pero paciencia. Me lo digo cuando empiezo a pensar si tomé o no las decisiones correctas, ahora estoy asumiendo lo que he elegido. A mí me cuesta valorarme, soy inseguro, por eso pienso si no valgo, pero sigo aquí porque tengo todavía esa esperanza”.

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  1. Damián Alcolea

    Alain es un ser humano bello con un corazón hermoso y una mente privilegiada. En España tenemos suerte de que eligiera venir a vivir aquí y solo espero que España le brinde la oportunidad de dar clase y enseñar al menos parte de lo mucho que sabe.

  2. Ana+E.+Hernandez

    Alain es todo un personaje , responsable , trabajador sincero y luchador , por encima de todo ENAMORADO DE ESPAÑA Y DE LO ESPAÑOL , él con su conducta demuestra una gran categoria humana , social y de superacion , con él nuestro pais seria MEJOR EN TODO LOS SENTIDOS

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