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Historias cotidianas que solemos ignorar

Salud mental

El pulso al alcohol de un alcohólico

Podía beber 10 litros de cerveza al día

“Vengo un poco nerviosillo. Hace tiempo que no hablo tanto del tema. Yo me acuerdo todos los días, no es que lo tenga olvidado, pero hace tiempo que no lo cuento así todo seguido. Normalmente lo llevo esto en un grupo reducido de gente. Lo hago ahora porque me siento fuerte. Lo hago por lo poco o lo mucho que pueda aportar a alguien. Ahora soy mucho más empático que antes”.

Estamos en un bar, sentados en una mesa. Todavía no ha decidido si va a dar su nombre o si prefiere el anonimato. “Sigo en la duda, no quiero arriesgarme para que no se me cierren las puertas. Hace 10 años que he cambiado de vida y ahora tengo un buen trabajo. Lo que no quiero es que cuando busquen mi nombre en Google salga esto que voy a contar porque el sello y la etiqueta lo tenemos… y si pasa algo en el trabajo que piensen que es por esto…”.

“Esto” equivale a alcoholismo. Le digo que una vez publicada su historia, va a aparecer en Google, así que finalmente se decanta por el anonimato. Opta por utilizar sus iniciales: ACG. Con lo que no tiene problema es con mostrar su rostro en las fotos, así que ACG no tendrá nombre, pero sí cara.

Tiene 41 años y es de Madrid. “Soy exalcohólico porque he dejado de beber, pero soy un alcohólico porque esto es una enfermedad que la tienes para toda la vida y no te curas”.

Alcoholismo, enfermedad, dependencia

Aunque esté nerviosillo no lo aparenta. Es un tipo agradable y cercano, con una cercanía casi infantil en cuanto a pura. Su mirada y alguno de sus gestos cómplices dejan entrever a un tío pícaro y divertido.

“El alcoholismo es un mundo que cuando estás dentro no te das cuenta y cuando sales te das cuenta de lo que has hecho mal. Lo haces por cubrir carencias, por intentar aparentar alguien que no eres. Aunque yo siempre he sido una persona muy dicharachera, la autoestima la tenía baja”.

“Esto es una enfermedad, esto te crea una dependencia”. El Plan Nacional sobre Drogas reconoce todas las adicciones como una enfermedad. A día de hoy ni bebe, ni fuma, ni consume drogas. “Ahora mismo mi dependencia absoluta es con la cocacola”, dice mientras se ríe y mira la cocacola que acaba de pedir. “Cuatro litros al día me puedo tomar, y me sujeto”. Durante la charla no llega a tanto, pero sí pide una segunda cuando se termina la que tiene ahora mismo delante.

“Con el alcohol yo tuve dos etapas: la que disfrutaba, hasta los 28 años, y la otra, que bebía por amargura… por necesidad. Yo sabía que lo hacía mal y no podía parar. La etapa de que eres el más guay y la etapa de te sientes una mierda”.

“10 litros de cerveza al día me podía beber”. Al principio bebía cerveza, luego llegó un punto en el que bebía de todo. “Después de comer me podía beber una botella de whisky, y si no me entraba más, lo echaba y seguía bebiendo. Llega un momento que bebes lo que sea y a morro, ni vaso ni nada. Y si no tienes, lo buscas. Lo que caiga en tus manos te lo bebes. Lo que más tomaba era cerveza porque era lo más barato… si hubiera estado más barata la farlopa –cocaína– no sé yo cómo habría acabado”.

Empezar a consumir alcohol y droga en el colegio

Al estado que acaba de describir no llegó de un día para otro, pasaron años. Hay que tener en cuenta que empezó a beber siendo un niño.

–¿Cuándo fue?

–Buah, empecé muy pronto, antes de acabar el colegio, con 11 años, ahí lo probé. El ambiente que vivíamos en el cole no era el mejor. El alcohol y la droga se vivían al día y al final lo pruebas. El primer día es que no te gusta y luego lo vuelves a hacer porque lo hacen todos. Ahí bebía cuando me juntaba, cuando había juerga. Pero la primera cerveza en condiciones que me tomé fue con mi padre, con 14 años. Me notaba mejor cuando bebía, más parlanchín. Hacías el ganso y todo el mundo se reía. Tú veías eso y decías joe, pues esto va a estar guay. Lo que no sabía es que luego se iba a convertir en adicción. En el cole se metían conmigo por ser más gordito y descubrí que si me iba con los malos… esto te va a sonar mal… pues que te creas un estatus y ya no era el típico gordo. Me sentía reforzado. En esa época peleas en las discotecas, en el colegio, todas las habidas y por haber.

Su pandilla del colegio no ha salido muy bien parada. “Éramos siete y quedamos tres vivos… y el tercero está fatal”. El otro es su mejor amigo desde la infancia. A día de hoy es su mejor y casi único amigo.

Familia y alcohol

Su familia le ha dejado una doble huella. Por un lado “yo ahora sé que mi padre era alcohólico. En su momento ni lo sabía, no me daba cuenta. Mi padre venía cada 15 días y lo primero que hacía antes de subir a casa era irse al bar. Yo recuerdo estar el fin de semana completo en el bar porque estaba con mi padre, era la manera de estar con él. Mis hermanos siguen haciendo todo igual –bebiendo– a día de hoy y por eso no me junto con ellos”.

Por otro lado su peso. “En mi casa me ponían muchas normas”. Tenía libertad total para entrar y salir, pero con la comida era otra cosa. “Joder, es que no me dejáis vivir, les decía yo. Me mandaban sin bocadillo al cole… y yo qué hacía, pues le pedía un cacho de bocadillo a todo el mundo. Yo me levantaba a mitad de la noche a tomar leche y magdalenas porque tenía hambre. A mí todo eso me generaba una ansiedad… Yo mi ansiedad la curaba comiendo”.

Con 25 años se operó del estómago. Había llegado a pesar 186 kilos. La operación supuso un paréntesis en su vida de alcohólico. “Estuve dos años sin beber, hasta que me bebí un chupito en una feria medieval… y a partir de ahí todos los días. Es que el bicho, como yo lo llamo, sigue ahí. Tú no le das de comer y está dormido, si no prueba nada, perfecto. Yo me seguiré acordando, pero mientras no pruebe nada, el bicho seguirá dormido. Pero si lo pruebo estoy perdido”.

Bebía alcohol cada día por necesidad
Llegó a beber al día 10 litros de cerveza.

Las mentiras del alcohólico

Rebobinemos: había empezado a beber siendo pequeño, pero entonces no lo hacía a diario. “Yo sacaba mis estudios. A los 18 me compré mi piso, si es que yo iba muy bien encaminao… Lo que pasa es que con la mierda del alcohol te tuerce”.

Siempre ha sido trabajador. Lo que muchos pueden considerar una virtud en su caso no está tan claro. “A los 20 ya sí que tenía una necesidad diaria de beber. Mi trabajo me lo facilitaba… yo repartía cervezas…”.

–No me lo puedo creer…

–Sí –dice riéndose con su mirada pícara–. Si yo tenía 40 clientes, me tomaba 40 cañas. Ahí el día que no bebía estaba inquieto, pero de eso me he dado cuenta después.

–¿Y nunca has tenido un accidente repartiendo?

–Jamás tuve un problema. Tengo una virgen encima. Y después he sido camionero, y haciendo rutas a Navarra, a Cantabria. Increíble lo que me podía haber pasao o yo hacer a los demás. Yo había días que llenaba la nevera de cerveza, la metía en la cabina y tiraba millas en el camión. Pero todo eso en el momento no lo piensas, lo ves después.

“Aprendes a vivir y a engañar, sobre todo a engañar. Tenemos facilidad para engañarnos a nosotros mismos y cuando nos engañamos nosotros, engañamos al de al lado. Si no me tomaba una copa antes de coger el camión estaba así –sus brazos y piernas empiezan a temblar–, me temblaba todo. Engañas porque no llegas a citas con tu mujer, te inventas y le dices he pinchao, me he entretenido y no llego… y tú mientras en el bar”.

“Con los camiones, al salir fuera de Madrid, me despendolé. Me casé con mi mujer con 22 y un año después le dije que tenía constancia de que tenía un problema y se lo conté. Pero que se lo conté y ya está… y yo, hala, así se soluciona, ¡y los huevos! Sabes que tienes un problema pero no lo quieres afrontar. Empezó a controlarme, a restringirme las tarjetas. Y no sirvió… y allí empezaron los engaños de verdad. A jugarte el pescuezo”.

–¿A qué te refieres?

–Por ejemplo, iba en el camión con 12 palés de merluza, entregaba 11 y el otro lo vendía… Ya me estoy empezando a poner nervioso… Es que, hostias, las que he liao… Esto es lo que peor llevo, todo lo que he engañao.

–¿Y nunca te pillaron?

–No, por eso te digo que tengo una virgen encima.

La soledad y las deudas del alcohólico

“Una vez que estás metido, bien metido, no quieres hablar con nadie, todo te molesta, todo el día con gafas de sol. Es tu mundo y tener cerveza. Mi mundo era beber y trabajar, y trabajar mucho para tener más dinero y seguir bebiendo. Yo ahí estaba a gusto. No me daba cuenta de cómo iba. Pero era discusión tras discusión. Te vas quedando sin amigos, no aguantaba nada y quería estar siempre solo. Me daba igual todo. Me ponía el despertador para ir al bar antes de trabajar. Me levantaba una hora u hora y pico antes de tener que ir a trabajar para ir al bar”.

“Yo he dejado a mi familia sin comer. Cobraba, sacaba todo el dinero del banco y me duraba el sueldo tres días. Y me daba igual. Me lo bebía y me lo metía. Yo he llegado a tener ruina económica. Y a mi me daba igual. O sea, he vivido con ese egoísmo. También me pesa mucho, es de las cosas que más me pesan, la pella que tengo de que todavía debo pasta. Y ahora vivo muy bien, no me puedo quejar, pues mejor podría vivir… Le debo al banco, gracias a Dios a nadie más. Me quita el sueño que mi familia tenga esa deuda por mi culpa. Cinco años estuve pidiendo préstamos para beber”.

Años después, ya en recuperación, se ha preguntado muchas veces por qué. Hace unos tres o cuatro años obtuvo una respuesta que le ayudó a entender mejor. “Yo de niño era lo que se decía entonces un niño por culero. Y lo que pasaba es que era TDAH, pero eso no lo he sabido hasta ahora a raíz de que diagnosticaran a mis hijas. Yo sabía que yo quería estar siempre activo, pero yo no sabía lo que me pasaba. He estado muy confuso todo este tiempo. Tomo medicación desde hace tres años y lo recibí con miedo. Tomo anfetaminas y no me quiero enganchar, ese era mi miedo. Pero desde que me medico ya no como por ansiedad, he ganado la concentración, la tranquilidad. La sensación de ir con prisa a todos los sitios se ha acabado. Multitarea sigo siendo pero ahora me canso, antes no me cansaba”, dice riéndose. “Soy propenso a todas las adicciones por la impulsividad. El TDAH me ha ayudado a entender mucho más mis adicciones y como las entiendo ya no te castigan tanto”.

La Fundación CADAH (Fundación Cantabria de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad) se hace eco de un estudio que afirma que el 52% de pacientes con TDAH presentan una adicción a lo largo de la vida, mientras que en la población sin TDAH el porcentaje baja al 27%.

La desintoxicación de un alcohólico

La virgen que tenía encima le falló. “Es la única vez que me echaron de un trabajo. Me quedé dormido. No me acuerdo de lo que pasó porque estaba borracho, pero me echaron. Y ahí fue donde me coroné. Este fue el último detonante. La situación era pésima económicamente en mi casa. Hostia, me han echao, pensaba, y para mí eso era la mayor vergüenza. Pero luego me fui a beber, no te vayas a creer… Tronco, tienes que ir, me decía yo… Y la primera vez fui solo a la asociación de exalcohólicos. Iba en mal estado, iba pedo, pero es que eran todos los días así. Al día siguiente volví a ir y me atendió el mismo tío, pero como yo estaba pedo no me acordaba de él… No me dejaron entrar por ir borracho”.

Entonces su mujer fue con él, algo fundamental, aunque “el paso es que tú quieras. Y luego el proceso, desde que tú quieres, hasta que puedas dejarlo… ojo. Que todo el proceso es otra cosa. A los tres meses de empezar recaí… a los tres meses recaí… y a los tres meses recaí… Y a la tercera fue la vencida… Esto fue en 2011 y desde entonces ni gota. En mayo hace nueve años que no pruebo nada”. Una de las veces que recayó estaban en terapia. “Dije que iba al baño y los dejé tirados allí, a mi mujer también. Tres días desaparecí. Y lo peor la incertidumbre de dónde estaba esos tres días”.

“Tienes que ser tú el que quiera dejarlo, si no imposible. Eres tú. Te lo repiten mucho, te lo recalcan mucho. El problema es el alcohol, pero tienes que ser tú el capaz. Es un pulso y tienes que ganarlo siempre. Allí hacíamos terapias mixtas, mi mujer y yo. Y aquello era un baño de realidad. Las mujeres se ponen a soltar y no sabes… y lo peor es que llevan razón en todo. Nada que ver. Como si yo hubiera vivido una realidad y ella otra. Si hablaras con mi mujer fliparías”.

“Al principio tú no quieres verlo, es un proceso, es mucho pensar y mucho meditar. El proceso de desintoxicarse es jodido, muy jodido. Tienes mucha ansiedad. Yo bebía mucha agua, tenía mucha obsesión con estar bebiendo siempre. La imagen que me viene siempre son dos horas en los grupos y yo beberme tres botellas de dos litros de agua… y el tembleque. Y problemas de azúcar he tenido también”.

“Pero yo he visto la luz allí. Ahora llevo un año y pico fuera de los grupos y lo que intento es no perder el contacto porque soy consciente de lo que soy y soy consciente de lo que puedo ser. Me apoyo en esa gente que es la que me ha ayudado”.

El problema es el alcohol, pero tienes que ser tú el que quiera dejarlo.

La vida sin alcohol

“Ahora el alcohol no quiero ni olerlo, pero ni olerlo. Yo ya no cocino con vino. Utilizo vinagre de manzana, flipa. Por lo que te decía del bicho, no quiero despertarlo. Veo una cerveza y me sigue apeteciendo, pero ahí me entra todo el mecanismo, las herramientas del trabajo de todos estos años: algo te va a suceder, va a haber problemas, la vas a liar, siento miedo… tienes más inquietudes y esas son las herramientas que me han dado y que uno tiene que tener claras”.

“De la droga no me acuerdo, pero del alcohol sí. De siete días que tiene la semana me acuerdo seis del alcohol. Para mí es una frecuencia alta, pero tampoco quiero que se me olvide porque para mí es una alerta para no despertar al bicho”.

“Ahora entiendo más y vives más tranquilo. Entiendes lo que has hecho y por qué lo has hecho y tú te vas quedando más tranquilo en tu yo interior y no es todo el día dándote con el látigo. Yo ahora tengo las cosas claras, no solucionadas, pero sí claras”.

–¿Tienes miedo de volver a caer?

–Sí, mucho, mucho, mucho miedo. Hasta el límite del vinagre… No llega a ser enfermizo, pero sí tengo mucho miedo, es más que nada porque lo que tengo ahora y lo que tenía… ahora firmo por lo que tengo ahora y eso que antes tenía más dinero. Llevo 10 años pagando deudas y calculo que todavía me quedan 5. Son 15 años de pellas de una mala vida. Más de 3.000 euros al mes llegaba a ganar antes y no llegaba… Más de 3.000 euros con el curro en el camión más mis trapis ­–trapicheos–.

La familia de un alcohólico

“Cuando te digo que bebía exageradamente es que era exageradamente. Y esto te lo digo yo, mi mujer diría más. El alcoholismo con tu mujer e hijas es un mundo. Tú creías que estabas sereno y ellas te decían joder cómo vienes. Uno de los peores momentos fue que a mi mujer se le escurrió mi hija pequeña del cuco del coche. Me llamó y yo de juerga. No será para tanto, le dije, eres una exagerada. Y la niña tenía un traumatismo craneoencefálico… Cuando al final llegué al hospital mi mujer no me dejó entrar por ir borracho y entonces yo me fui al bar. Ella es la que vivía las cosas de forma normal, era yo el que no vivía normal. Vives todo de manera muy distinta, pierdes todo. La había perdido a ella, a las niñas. Perdí totalmente el vínculo de confianza con mi mujer. Me había puesto violento con mi mujer, no le había levantado la mano, pero violento sí me había puesto. Así que tienes que empezar de cero con tu mujer. Tienes que conquistarla, que reconquistarla. Todo desde el principio. Ahí te das cuenta de lo que has sido y quieres llegar a ser”.

Tiene una hija adolescente y otra preadolescente. “La pequeña a día de hoy no sabe nada. Se lo quiero decir en cuanto sepa que lo va a entender. A la mayor se lo hemos contado. Ella se acuerda de muchas cosas, de muchas discusiones. Y era muy pequeña. Tiene momentos grabados, se acuerda ella y yo no porque estaba borracho. Una vez a la semana apagamos la tele y hablamos en familia. Con mi hija mayor sale este tema. Hablamos de todo, yo al principio más que incómodo me sentía avergonzado. Han tenido muchas carencias por mi culpa. Me da mucha rabia porque me he perdido todo de la grande”.

“Una cosa que me reconcome es que mi mujer me ha preguntado si le he sido infiel. Y que yo me acuerde no… pero hay tantas cosas que no me acuerdo… Primero que me acuerde y luego de lo que yo me acuerde a la realidad… Tampoco quiero fustigarme mucho. El sentimiento de culpabilidad no me lo voy a quitar en toda la vida. Es todo el daño que he hecho, que has causado, las consecuencias de ese daño en tus familiares, el caos económico… ahora podríamos vivir muchísimo mejor de lo que vivimos… las enfermedades que le he causado a mi mujer: migrañas, ansiedad. Mi mujer es la que peor parada ha salido de todo esto. Se ha tirado unos años muy jodidos. Yo no hubiera aguantado ni la mitad. Ella ha sacado la casa adelante con dos duros y dos crías. Todo eso te queda para los restos. Ahora poco a poco intento que viva mejor, hacerle la vida más fácil”.

Borrón y cuenta nueva

“Hemos hecho borrón y cuenta nueva”. Se han cambiado de localidad, de casa, de coche. Él tiene un trabajo nuevo, un trabajo que le entusiasma, se le ilumina la cara hablando de él.

“Hay una calle en concreto donde vivíamos antes que no puedo pasar por ella. Me sentía agobiado viviendo donde vivíamos. Cambié hasta de coche porque era mi sitio de recreo, donde bebía. Necesitaba un cambio. Estudié, ahora tengo un trabajo nuevo. En la casa de antes tenía hasta señales en el suelo de cuando tiraba cosas. Hay tantas cosas allí que me recuerdan”.

Durante la charla no ha parado de mover las piernas, “es por el TDAH, esto no tiene nada que ver con los tembleques del alcohol”. Quizás también hayan tenido algo que ver los nervios. “Es muy difícil explicarle a alguien esto. Eres la primera persona a la que se lo cuento. El amigo este que te cuento de mi pandilla del cole, que hoy es casi mi único amigo, va a saber muchas cosas por aquí. No me he encontrado nunca preparado para hacerlo”.

4 Comentarios

  1. francisca

    fantástico como todos, gracias

  2. P.R.

    Eres un gran marido y un padre espectacular. Estamos muy orgullosas de tí, de tu lucha diaria, de tu constancia y de tu afán de superación.
    Se que es una enfermedad que estará presente el resto de nuestras vidas, y que el tenerla presente es lo que nos hace fuertes.

    El alcoholismo es una gran enfermedad y adicción totalmente desconocida como tal para la gente, ya que siempre se ha visto como una forma de sociabilidad e incluso algunos médicos lo recomiendan porque es bueno para la salud (…»una copita de vino al día»…).
    El testimonio de un enfermo alcohólico es duro, pero aún más dura es la realidad del familiar que lo vive tal y como es, no distorsionado.
    Realmente el apoyo familiar es muy importante pero por mucho apoyo si el enfermo no pone de su parte de forma voluntaria no hay nada que hacer.

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