Historias cotidianas que solemos ignorar

Mayores

Mayores: vivir y sentir

José Manuel Moreira, vida de una persona mayor

“Yo estaba de aprendiz de mecánico de automóviles ganando 6 pesetas (0,0361 euros) al día. Entonces había costumbre de trabajar de aprendiz de las cosas. Todavía me acuerdo, empecé a trabajar a los 15 años. Mi madre me decía: No me merece la pena, me gasto más en jabón y en sosa para quitar la grasa que el dinero que tú me das a la semana. En Madrid no se ganaba dinero, en España en general se ganaba muy poco, así que me fui a Suecia haciendo autoestop”.

José Manuel Moreira nació en Quintanar de la Sierra (Burgos) y vive en Madrid desde que era niño. Tiene… “¡Ahí va, eso sí que no! Pon los años que quieras, pero yo no te voy a decir los años que tengo, soy muy coqueto…”. Llegamos a un acuerdo y elige poner 76 como cifra aproximada a la real.

Actividad pasada y presente de una persona mayor

“Yo no paro, ahora estoy haciendo cosas en una Mesa de Mayores de la Junta Municipal de Distrito, también estoy en la memoria histórica y en otros sitios. Leo, veo la televisión, escribo actas de reuniones y cosas de esas, y este cacharro…”. Saca el móvil y me lo enseña; abre WhatsApp. “Estoy en muchos grupos porque no paro de hacer actividades. Esto me quita mucho tiempo”, dice señalando el teléfono. “Con el WhatsApp me apaño bien, pero hay veces que se cambian la foto –de perfil– y me despisto un poco”.  Mueve el dedo pasando sus conversaciones. Se detiene en una. Es un amigo que el año pasado estuvo en Estocolmo. Desde allí le envió una foto: “¡Mira, he estado en tu hotel!”, le escribió.

“En la mili tenía un compañero que me dijo que se ganaba más en Alemania o en Suecia que en España, y me fui en autoestop a Suecia con 22 años. Tenía un macuto con unas mudas: un par de calzoncillos, un par de camisetas, una camisa, un colchón de dormir y un saco de dormir. Me acuerdo… me lo preparó mi madre. Dormía en donde podía, en España en la calle pero en el extranjero había albergues de juventud. Yo hacía dedo y donde me llevaban, y allí buscaba a otro que me llevara más lejos. En Madrid nadie me cogía en la carretera, tuve que ir hasta Alcobendas andando. Desconfiaban un poco, aunque yo tenía mi carnet de autoestopista que había entonces”.

“Mi meta era Estocolmo, tardé unos dos meses y medio en llegar. Estuve trabajando en París porque no tenía dinero y no podía seguir así. Allí pregunté a unos españoles y trabajé en una boutique. Yo no sabía francés ni nada, no tenía idea de idiomas. Los dueños de la boutique eran unas excelentes personas, me llevaron a vivir a su casa. Estuve trabajando un mes y medio, y cuando ahorré dinero seguí el viaje”.

Cuando era joven se fue a Suecia haciendo autoestop para ganarse la vida.

Fregando cacharros

Mientras charlamos lo veo de perfil y de aquella manera porque lleva la mascarilla puesta, aunque a veces se la baja un poco y deja ver su bigote blanco. Hace sol y estamos sufriendo una pandemia mundial así que estamos en un parque al aire libre y hemos optado por dos bancos-silla individuales que están colocados en paralelo. Ninguno de los dos entendemos muy bien este invento urbanístico pero los bancos-silla son los que más sombra tienen. Encima están separados, con lo que cumplimos con la distancia social al tiempo que evitamos la insolación.

“No me aburro porque tengo que hacer. Después de desayunar y fregar los cacharros, hago la cama. ¿Hoy qué toca? ¿Pasar el aspirador? ¿Tengo reunión? Si no tengo asamblea o reunión aprovecho también para ir al mercado. En casa si no quieres, no paras: hoy tienes cristales, mañana el polvo, el otro el aspirador. Yo tener una casa sucia no soy capaz. Casi todas las tardes tengo que ir a algún lado, hago más vida con amigas que con amigos, son gente más joven. Y si no tengo plan, salgo yo a andar por este parque. Al final los sábados y domingos los dedico más a la casa porque entre semana siempre tengo cosas y hacer lo de casa me lleva casi todo el día”.

Iba a dejar París cuando un danés se ofreció a llevarlo a Copenhague en coche. “¿Sabes conducir?”. Y claro que sabía conducir, había aprendido con el camión de su padre. José Manuel y el danés se turnaron al volante para hacer el viaje sin paradas. “Con el dinero que tenía de París cogí un tren de Copenhague a Estocolmo. Me planté allí y no tenía trabajo. Y ahora qué… Y mira por dónde yendo por la calle oí hablar a unos españoles y los paré”:

–¿Sabéis dónde puedo trabajar?

–No te creas que es fácil… Vete a los hoteles y busca de friegaplatos.

–Ah, pues muy bien.

“Y eso hice. Entré en todos y nada, hasta que llegué al  Grand Hotel, el mejor de Suecia. Ya tenía trabajo, me daban la comida y la merienda pero no tenía donde dormir y dormía en el puerto entre las lonas de los barcos con dos compañeros españoles que trabajaban también en el hotel. En el puerto hacía mucho frío y nos teníamos que ir en mitad de la noche a calentar a la Estación Central porque allí había calefacción. Luego encontramos un albergue de juventud para pasar la noche. En el hotel estuve también un mes y medio o así, hasta que ahorré. Estaba hasta las narices de fregar platos, así que les dije a mis compañeros: ¿Por qué no nos embarcamos?”.

Mayores y amor

“Yo estoy trasplantado de una válvula del corazón”, dice mientras se sube el polo para enseñarme la gran cicatriz que tiene en el pecho. “Perdona que te la enseñe… Lo peor es que creo que me van a tener que operar otra vez porque esta válvula no dura toda la vida y me la tienen que cambiar. Pues bueno… No me siento viejo porque me encuentro bien a pesar del corazón y todo eso. Mentalmente a veces pienso que mi vida está limitada y pensar es jorobado, sobre todo cuando se vive solo. Hay veces que me siento solo. Yo he tenido la gran suerte de que mi mujer era magnífica”.

Se calla y empieza a llorar en silencio. “Yo es que cuando la recuerdo… es lo más duro que he tenido en mi vida. Lo peor. 46 años estuvimos juntos. Perder a tu compañera… eso es de lo peor de lo peor. Hace 6 años que murió de leucemia y estoy como el primer día. La conocí en Madrid, me había desembarcado y vine a pasar unos días de vacaciones”.

Antes de conocerla fue marino durante 7 años. “En Estocolmo subimos a un barco a ver si necesitaban a alguien y nos dijeron que allí era muy difícil, que nos fuéramos a Narvik, que allí seguro que algún barco nos cogía”.

“No sabíamos cómo ir y decidimos comprar un coche, un Opel, por 2.500 pesetas (15,0253 euros) con seguro por 15 días. Allí los coches estaban baratísimos, era un coche de tercera o cuarta mano”. Y se notó. Tuvieron dos accidentes por el camino, nada grave, y compraron otro coche, un Volvo. “También de segunda o tercera mano, pero tenía una calefacción fabulosa. Luego se lo regalé a una chica, porque llegas allí y qué avanzados estaban, era el amor libre”.

Se separó de sus compañeros porque era difícil que contrataran a tres personas. Cada día iba al puerto a ver si hacía falta gente. Para entonces se había quedado sin dinero y sin comida. Entonces llegó el barco Tarfala. “Había que ir a Monrovia (Liberia) a por mineral de hierro. En ese barco hacía de aprendiz de camarero para fregar los platos y poner los cacharros a la tripulación”. Con el tiempo fue cambiando de barco y de puesto: “Luego fui aprendiz de cubierta, segundo marinero y marinero”. Pasó por distintos petroleros, ha viajado a Latinoamérica, Rusia, el Golfo Pérsico… “Lo dejé cuando conocí a mi chica”. 

Los miedos de los mayores

Instalado en Madrid, trabajó de camionero, chófer y taxista. “Luego mi compañera tenía una tienda de alimentación en la calle Ibiza y acabé en la tienda con ella. Teníamos nuestros ahorros y con eso y mi pensión, que es muy pequeña, voy tirando. Hago lo que puedo”.  

–¿Cómo se aprende a vivir solo después de tanto tiempo?

–No tuve más remedio que hacerlo. La casa la llevábamos entre los dos, ella cocinaba… no sabes lo bien que cocinaba. Yo me encargaba de pasar el aspirador, de limpiar el polvo, de la terraza, los cristales. Ella además de cocinar lavaba, planchaba. Yo ahora tengo una persona que viene a planchar porque yo no sé, es lo único que no sé hacer. Cuando falleció se me vino el mundo encima. Primeramente el dolor de haberla perdido me hacía razonar muy mal. Qué le vamos a hacer. Algunas veces me han dado ideas chungas pero no he tenido valor.

La vida siguió. “Lo peor eran las comidas, yo no sabía ni freír un huevo, nada de nada. Ella tenía muchos libros de cocina, así que los cojo y hago al pie de la letra lo que pone la receta y me sale muy bien. Hoy voy a poner lentejas, mañana bacalao con tomate y así voy. Los primeros meses como podía, pero ya no, no pensaba que me fuera a apañar tan bien porque no sabía por dónde empezar”.

“Tengo miedo a una enfermedad que sea larga y dura, por lo demás yo llevo bien esto. Eso lo pienso algunas veces y me asusta más una agonía. Si me muero de golpe, pues lo estoy asimilando porque me tengo que morir”.

José Manuel Moreira, los mayores viven y sienten
José Manuel vive solo, perdió a su mujer hace seis años.

El horror de los mayores muertos por coronavirus

“Mi compañera y yo viajábamos mucho en las vacaciones y cuando nos jubilamos. Nos conocemos toda Europa. Yo ahora viajo solo. El año pasado estuve en Italia y el anterior en Rusia. Este año no me he ido al extranjero por el coronavirus, pero he estado en los Pirineos. A mí el mar y los barcos me han gustado mucho siempre y la montaña es una droga. Aquí cojo el coche y me voy a la sierra a andar 8 o 10 kilómetros por el monte, subir no puedo, pero en llano sí. El médico me dijo que anduviera y yo estoy andando”.

“El día que no pueda valerme pues no sé qué va a ser, me tendré que ir a una residencia o buscar una persona. Es terrible el abandono de los mayores en las residencias. Nos las damos de un país avanzado… Pobres mayores, pobres viejos, abandonados completamente. Tratan a los mayores muy mal, yo no digo que en todas las residencias, pero que en Madrid ya han muerto 6.000 por el coronavirus. ¿Tú sabes lo que es eso? ¡Joder, es terrible, que no son 5 ni 6. Qué abandono tienen las personas que no pueden valerse por sí mismas!”.

El 15 de septiembre las cifras de mayores muertos en residencias por coronavirus o síntomas similares son: 20.083 fallecidos en España, de los cuales 5.984 han muerto en la Comunidad de Madrid.

“Es que las residencias las tienen como negocios y no tendría que ser un negocio. No digo que tengan que perder dinero, pero las personas que trabajan allí deberían estar bien pagadas y tener vocación. Precisamente porque son mayores hay que tratarles mejor, somos seres humanos. Yo soy socio de Plagdimare (Plataforma por la Dignidad de las Personas Mayores en Residencias). Estoy en contra de un capitalismo salvaje que solo se preocupa de acumular riqueza. Me da mucha pena la injusticia, es lo que peor llevo. A una persona mayor no se le hace mucho caso, parece que se le da más importancia a la gente útil, a los mayores se les tiene un poco apartados. Todo lo viejo no es bueno, se conoce. Si tienes un coche viejo, lo cambias. No sé, la vida es así, es bastante rollo la vida, estamos en sociedades donde se protege al que vale y para mí las personas marginadas son lo que tienen más valor. Necesito que el mundo sea mejor de lo que es, que no sea tan egoísta. Y eso es todo, mucho más no tengo que contar”.

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  1. Javier

    Wini. Quería hacerte una pregunta. Cómo llegas a esta gente?? Son ellos los que contactan contigo o cómo sabes tú quién está dispuesto a abrirse y contar su vida??

  2. Javier

    He leído a José Manuel. Bueno, al menos pudo compartir su vida con su mujer de toda la vida. Y vivir experiencias con ella. Eso no lo tiene todo el mundo. Y, sí, la sociedad es egoísta. Pero bueno , es cierto, que te encuentras con gente buena por el camino. Hay que intentar aprender a ser feliz. Y Jose Manuel creo que ha sido feliz a pesar de tener que ir Estocolmo etc porque en España no se ganaba dinero. Bueno, eso.

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