Grandes Minorías

Historias cotidianas que solemos ignorar

Pobreza

Pasar de una vida de capricho a vivir en la pobreza

Marga Rivas pasó de tener una vida desahogada a ser pobre

Todavía no veo a Marga, pero lo oigo. La sede de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) Madrid está en un primer piso sin ascensor. Marga está subiendo las escaleras y jadea. Por fin llega, casi no puede hablar. Respira un poco y se sienta. “Me operaron de corazón hace unos meses. Bueno, me operaron, me pusieron un stent. Ahora estoy en fase de adelgazar y dejar de fumar, todo a la vez. Y claro, me está costando”, dice con una sonrisa. Pero el cansancio no es solo por las escaleras, “es que desde mi casa aquí es todo cuesta arriba”.

Marga Rivas tiene 57 años y es de Madrid. Es portavoz estatal de la PAH, probablemente el último cargo que se vería desempeñando si se le hubiera preguntado hace unos años. Principalmente porque hace más de ocho años Marga ni sabía lo que era la PAH y porque hace 15 vivía una vida “de capricho”, como ella dice.

De un trabajo en el mundo del lujo a la quiebra

“Mi marido Adolfo y yo teníamos una empresa de alta decoración de grandes firmas, de lujo, vamos. Trabajábamos con decoradores, hoteles, paradores…”. La empresa era de una amiga hasta que falleció. Cuando eso sucedió, el matrimonio se quedó con ella porque trabajaban los tres juntos desde hacía años. “Yo era como la gerente de la empresa, pero soy psicóloga y también impartía talleres en colegios e institutos de la Comunidad de Madrid a niños, niñas y adolescentes”.

El problema es que “se acabaron las dos cosas a la vez: los talleres y la empresa”, dice con una risa amarga. Así fue como pasaron de vivir vinculados al lujo a perderlo todo. “Cerramos la empresa en 2010, me parece, no recuerdo muy bien. Se hacía insostenible. Había menos venta, no se hacían hoteles nuevos y los pocos que se hacían no pagaban. Hubo un parón”. Y eso que al final pudieron cobrar muchas deudas de las que tenían porque los últimos meses de existencia de la empresa Marga se dedicó “a tratar de cobrarlas. La deuda más gorda fue con El Corte Inglés. Me costó seis meses, pero la cobramos”. El problema es que “eran más pérdidas que ganancias, así que tuvimos que acabar cerrando, muy a nuestro pesar”.

Esto no es de un día para otro, “es un proceso en el que estás inmerso mucho tiempo. Te resistes a cerrar. Pero ves que te vas endeudando más y más”.

La empresa de Marga quebró
Marga y su marido tenían una empresa de decoración vinculada al lujo.

Y de repente «éramos pobres»

“Como éramos autónomos, pagábamos una demasía a la Seguridad Social para tener paro si nos quedábamos sin trabajo. En vez de doscientos y pico euros al mes, pagábamos trescientos y pico. Pero como el último recibo no lo pudimos pagar, no nos quedó paro. O sea, una tomadura de pelo. Y nos quedamos con cero ingresos. Mi marido y yo nunca fuimos muy de ahorrar, así que el dinero se fue en seis meses o así”.

Cero ingresos. “Con cero ingresos es que no tienes ni para comer. Sentí mucha angustia, miedo, incertidumbre. No sabía ni por dónde tirar. Era la primera vez que me pasaba algo así. El paso de vivir bastante bien, teníamos unos ingresos importantes, a la pobreza más absoluta es un palo muy gordo”, dice con una sonrisa triste mientras se atusa el pelo, un gesto habitual en Marga. “O lo pasas o no sabes lo que ocurre, es algo que no te puedes imaginar”.

Marga está cobrando ahora el RAI, la Renta Activa de Inserción, 430 euros durante 11 meses. “Y Alfredo 430 euros hasta la jubilación”.

Una nueva vida en la pobreza: toca pedir ayuda

“Yo estuve como seis meses sin reaccionar. No sabía lo que hacer, es que ni salía a la calle. Me superó a pesar de mi profesión”, dice antes de soltar una carcajada. “No sabía por dónde tirar… Recuerdo que una noche tuve un ataque de ansiedad y reaccioné: tenía que hacer algo”.

Así que Marga se fue a “Servicios Sociales y no me hicieron ni puñetero caso, como que no daba el perfil. Iba bien vestida, bien arreglada, con cierta cultura… Bien vestida entonces, luego eso se ha ido degenerando”, apostilla con una carcajada. “Claro que luego el perfil fue cambiando pero parece que entonces todavía no estaban acostumbrados a ver a gente como yo pidiendo ayuda”. Tras el éxito en Servicios Sociales, Marga se fue a Cáritas “y ahí cada 15 días iba a coger algo de comida. No me imaginé haciendo esto en la vida. Los primeros días me daba muchísima vergüenza”.

Dada la situación “te toca pedir ayuda a familia, amigos… Amigos quedan pocos, uno o ninguno”, dice con una sonrisa que se queda a medias. “Y la familia llega un momento en que te cierra el grifo también”. Desde entonces “lo he pensado mucho y me da la sensación de que el sentimiento de envidia es fuerte. Recuerdo frases que me decían: si no hubierais vivido tan bien… Y a mí me sonaba a reproche. Vivíamos de capricho, ¿por qué no? No teníamos hijos”. Marga son cinco hermanos y “me ayudaron dos, y en la familia de Adolfo absolutamente nadie. Como esto es una situación prolongada, pues la gente se harta, se cansa y ya está”.

Marga Rivas lucha contra el poder financiero
Cuando Marga fue a Servicios Sociales a pedir ayuda no le hicieron caso.

Al menos evitaron el desahucio

Marga y Adolfo vivían en una casa de alquiler, “no teníamos interés en ser propietarios”. Lo que sí hicieron fue comprar, en torno al año 1995, la casa en la que vivía la madre de Adolfo. Habían comprado el edificio “y nosotros compramos la casa en la que ella siempre había vivido de alquiler para que pudiera seguir viviendo sin miedo a que los nuevos dueños del edificio la echaran”.

Cuando la pobreza llamó a su puerta dejaron su casa de alquiler y se mudaron a la casa que habían comprado para la madre de Adolfo, ya fallecida. “Con todo lo que te supone desprenderte de todas tus cosas, tus muebles… Pasamos de vivir en un piso de 100 metros cuadrados a otro de algo más de 30, no nos cabían ni la mitad de las cosas que teníamos… Te puedes imaginar, una sensación de pérdida, de fracaso, eso es evidente… Se pasa muy mal y luego con el tiempo te das cuenta de que las cosas materiales no importa perderlas”.

“Mis suegros vivían en esa casa desde 1945, mi marido nació allí. Es una casa que, desde luego, está más que pagada por esta familia. La casa costó unos 100.000 euros” cuando la compraron.

Dada la nueva situación “dejamos de pagar la hipoteca antes que dejar de comer. Pagábamos la luz también para no quedarnos a oscuras, porque sin luz no puedes hacer nada”. Como Marga tenía “muy buenas relaciones con el director del banco –CaixaBank– porque movíamos mucho dinero, me dijo de esperar unos meses, pero la cosa siguió igual o peor y me dijo que nos iban a demandar”.

Cuando las cosas empezaron a ir mal en la empresa “habíamos pedido pelas y en las últimas intentonas para salvarla rehipotecamos la casa, por lo que ahora quedan por pagar 120.000 euros”.

Como Marga ya estaba en la PAH cuando el director le dijo lo de la demanda, “pedí la dación en pago y el alquiler social, que firmamos en 2013”. Motivo por el cual no los han desahuciado.

El salvavidas de la PAH

“Cuando dejamos de pagar la hipoteca, vinimos a la PAH en 2011 y a partir de ahí empezamos a remontar. Yo esto de la PAH lo había visto en la tele, llamé y vine. Siempre recordaré el primer día que llegué a la PAH. Había muchísima gente. Aquello estaba hasta arriba y yo veía que no me hacían mucho caso. Veía a gente levantando la mano: yo tal, yo cual. Un jaleo tremendo. Así que me puse en un rincón. Estaba al borde del llanto, en plan no sé qué coño estoy haciendo aquí. Se acercó Irene, que yo entonces todavía no la conocía, y me dio un abrazo. Empecé a llorar, me desahogué y así empezó todo”.

Marga llegó a la PAH después de haber perdido a amigos y familiares. “La gente nueva que conocimos aquí fue la que nos ayudó. Y este apoyo es fundamental porque, si no, te mueres. Aquí es donde hemos encontrado el mejor de los apoyos, humano y material. En las épocas súper chungas y malas aquí ha habido compañeros que nos hacían la compra. Una compañera me hizo la compra durante un año. Son cosas de agradecer”.

Ahora Marga lleva en la PAH su caso y alguno más. Está muy involucrada. Durante tres años hizo un estudio junto a otros compañeros sobre el impacto de los desahucios en la infancia. “No somos ni David contra Goliat. Y el poco daño que le hacemos al poder financiero para nosotros es un triunfo. Hay leyes internacionales que están en contra de lo que aquí se está haciendo. Nosotros desde la PAH estamos en contacto permanente con el Comité de Derechos Económicos y Culturales de la ONU, que dice que la vivienda es un derecho humano y también dicen que no se puede desahuciar a una familia sin tener una vivienda digna alternativa . También estamos en contacto con el Comité de los Derechos del Niño de la ONU.

El Consejo General del Poder Judicial ya ha publicado el número de desahucios que hubo en España en 2018, “casi 60.000”, dice Marga. Cifra que solo incluye desahucios y no, por ejemplo, a las personas con una situación similar a la que vivió y vive Marga.

Marga Rivas pertenece a PAH Madrid
Marga está muy involucrada en la PAH, organización que ha sido y es su apoyo.

Dación en pago y alquiler social, ¿te pueden quitar tu casa?

Después de años en la PAH, Marga se está haciendo una experta en temas inmobiliarios. Ella consiguió la dación en pago, que es que “tú entregas el bien hipotecado a cambio de la deuda. Yo te doy la casa y no te debo nada. Si tú no puedes pagar, pues con entregarla tienes bastante. Pero lo que pasa aquí es que te quitan la casa, te quedas con una deuda de por vida y heredan tus hijos esa deuda, por supuesto. Desde la PAH queremos que esto se regule. Nadie dice que te regalen nada, pero dar la casa y seguir debiendo 200.000 euros te convierte en un muerto civil porque no puedes hacer nada”.

El alquiler social es un “alquiler acorde a los ingresos. No más del 30% de lo que se ingresa, que ya es mucho”. Ellos pagan 120 euros al mes de alquiler. Marga está ahora peleando por conseguir el alquiler vitalicio. “Es de por vida, pero no existe realmente. Los bancos no te lo dan. Yo he explicado en la Caixa que el alquiler vitalicio es lo que yo quiero. Queremos estar pagando hasta que nos muramos, que respeten eso. Y cuando nos muramos que hagan lo que quieran con la casa. Un alquiler social revisable cada año, y si hay que pagar más porque tenemos más ingresos, se paga. Esto los bancos solo lo contemplan en enfermedad terminal. Pero ahí está mi pelea”.

Sin el alquiler vitalicio “nos pueden echar de casa. Es algo que puede pasar. Pero yo ya dije en el banco que me sacarían con los pies por delante. Van a tener difícil echarnos. De momento estoy en el sexto año de alquiler social y me acaban de decir que me renuevan el contrato. De todas formas con la espada de Damocles vives constantemente. Porque ahora los bancos lo que están haciendo es vender las viviendas a terceros, a fondos de inversión o fondos buitre. Como son activos negativos, se los tienen que quitar de encima. Aunque luego los bancos también andan metidos en esos líos de fondos de inversión y fondos buitre. Así que siempre puede ocurrir que tu casa vaya a uno de esos lotes de venta. Y lo que ocurre con los fondos de inversión y con los fondos buitre es que no sabes dónde están, que están en paraísos fiscales, no tenemos contacto para negociar con ellos y se hace complicado. CaixaBank está respetando las viviendas como la mía, pero puf… eso no quita que mañana la venda… Yo vivo en el día a día, si no esto no habría quien lo aguantara”.

Marga Rivas es portavoz estatal de la PAH
Marga paga un alquiler social, pero puede perder su casa si el banco la vende.

Carencias y la dificultad de encontrar un empleo

“Madre mía la que está cayendo, la que me está tocando vivir. Cuando ves a tanta gente en esas situaciones como la tuya o peores… no sé a dónde vamos. Siento mucha rabia, mucha tristeza de lo mal que se han hecho las cosas. Al poder financiero le interesaba que las familias se endeudaran en los primeros años del 2000. Nosotros creíamos que bien y en realidad nos estafaron. Ahora está volviendo a ocurrir la burbuja inmobiliaria… El poder financiero sigue con su necesidad de ganar dinero a costa de lo que sea”.

Los ingresos de Marga pasaron a ser cero cuando tenía 49 años, con lo que eso supone a la hora de buscar trabajo. “La búsqueda de trabajo por internet, por conocidos… cero, que no había manera, si es que no había trabajo. Los talleres se dejaron de hacer por falta de presupuesto. Yo no soy psicóloga clínica y por ahí no me podía buscar la vida. Lo único que conseguí fueron trabajos esporádicos que me conseguían en Cáritas atendiendo a personas mayores, que no me gusta nada, lo odio, lo pasaba fatal. Lo siento, pero lo tengo que decir”. Ella sigue sin trabajar y en su entorno cercano “no conozco a nadie que gane mil euros, la mayoría está por debajo. De aquí a la esclavitud queda muy poco”.

En los últimos tiempos ha conseguido algún trabajo esporádico haciendo tareas de tipo administrativo, mientras que la edad juega en su contra cada vez más. “Siempre salía de las entrevistas con la sensación de que no me iban a llamar, nunca me dijeron nada, pero eso se nota. Recuerdo una entrevista grupal y todos eran críos y crías menos yo. Y encajaba en el perfil porque justo había hecho el estudio sobre la infancia en la PAH y la entrevista era en una asociación de la infancia. Pero nada”.

Marga Rivas es activista de la PAH
Marga tiene una edad en la que le es difícil encontrar un trabajo estable.

Nueva vida, nuevos deseos

“Me siento más pobre que las ratas, pero ahora me siento bien. Me gustaría que mi vida fuera tranquila”, sonríe. “He trabajado desde que acabé la carrera con 22 años. Me gustaría encontrar un trabajo de jornada entera. Me gustaría volver a los talleres. Siempre he trabajado en el mundo educativo. Realmente lo único que necesito es estabilidad laboral, pero eso va a ser complicado”.

“Ahora por lo menos podemos pagar todo. Caprichos cero. Ropa, de lo peor que haya en el mercado y muy de vez en cuando”.

–¿Echas mucho de menos la ropa?

–Sí, muchísimo –y suelta una gran carcajada–.Una compañera de la PAH me dijo una vez que como a mí me gustan los leggins… ¡No es que me gusten, es lo más barato, yo por mí llevaría unos pantalones más bonitos! Y al principio te decía que tengo que adelgazar, pero es que hacer régimen es caro. Comes plato único. No es lo mismo comerte unas lentejas con chorizo que una verdurita y un pescado. Pero carne y pescado a diario no se puede comer, ni fruta a diario tampoco. Hay muchas cosas que no se pueden comer a diario.

Marga también recuerda que han dejado de viajar, “que nos encantaba”. También antes salían a cenar y tomar copas. “Y ahora de vez en cuando también salimos a tomar algo con los amigos, y si no podemos pagarlo, siempre hay algún compañero de la PAH que lo paga. Debemos intentar ser felices en la medida que podamos. No depende del dinero, sino de cómo afrontes las situaciones. Se intenta. No se puede vivir permanentemente en la tristeza o en el rencor o con angustia. Hay que ir adaptándose al medio como hemos hecho durante millones de años”.

–Después de todo lo que has vivido, ¿confías en la humanidad?

–Confianza en el ser humano sí tengo. En lo que no tengo ninguna confianza es en el poder financiero. El poder corrompe y no nos va a dejar vivir. Lo que pasa es que hay que seguir intentándolo.

4 Comentarios

  1. Gladys Cerna Dávila

    Marga que grande y valiente eres, personas como tú deberían haber muchas gracias por visibilizar y dar voz a las mujeres de la PAH dando ejemplo y luchando a un mundo injusto para que sea un mundo mejor, 👏👏👏👏✊✊✊😍😍😍

  2. Mercedes

    Eso es, gracias por luchar en nombre de todas!!

    • Minero

      Lo difícil cuando te caes es volver a levantarte y tú lo has hecho Marga.

      Minero.

  3. Tamara

    Todo el ánimo y suerte a todas las Margas del mundo. Gracias por luchar en nombre de todos.

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