Grandes Minorías

Historias cotidianas que solemos ignorar

Pobreza

Pobreza y diversidad funcional, vivir de prestado

Patri es una mujer pobre, una joven pensionista sin hogar y con diversidad funcional. Pero, sobre todo, es una activista

Pobreza… yo es lo que peor llevo”. Patricia Montejo tiene 38 años y es de Vallecas, Madrid, “soy gata, gata”. Lo demuestra un deje al hablar muy madrileño. Patri está en “exclusión, en plena exclusión de la sociedad. Es como yo me siento y tengo papeles escritos de trabajadoras sociales que lo afirman”. Tiene una discapacidad provocada por una enfermedad rara, cobra una pensión, no tiene empleo y tampoco tiene hogar.

Va en una silla de ruedas que maneja con un mando que controla con su mano derecha. Le gusta fumar puritos. Cuando fuma o cuando bebe café sus manos tiemblan.

–¿Es por el frío o por la enfermedad?

–No, esto es por la enfermedad.

Según el 8º Informe 2018 sobre el estado de la pobreza, seguimiento del indicador de pobreza y exclusión social en España, en nuestro país en el año 2017 un total de 12.338.187 millones de personas, un 26,6% de la población, estaban en riesgo de pobreza y exclusión social. El informe también recoge que el 6,9% de la población, unos 3,2 millones de personas, vivían en pobreza severa, y que el 31,5% de las personas con discapacidad estaban en riesgo de pobreza y exclusión. Aun así, todos estos datos se extraen de personas que tienen un hogar, no como Patri, que, aunque no duerme en la calle, vive “de prestado”, como dice ella.

Jóvenes pensionistas

Patri es portavoz de Jóvenes Pensionistas de la Comunidad de Madrid. Entre las actividades que realizan están las charlas que dan para concienciar sobre su realidad. Patri insiste en que el 10% de los pensionistas son jóvenes y en que es un colectivo invisibilizado. “Mi pensión es de 526 euros al mes. La tengo desde que mi abuelo falleció cuando yo tenía 9 años, se llama pensión a favor de familiares. A los 21 años me la quitaron y después me la acabaron devolviendo de por vida con el pero de no poder trabajar en sitios que no sean Centros Especiales de Empleo, como la ONCE”.

Patri se crió con sus abuelos hasta los 9 años y luego con sus tíos hasta los 25. “No tengo relación con mi familia desde ese momento por culpa de mi pensión, tuvimos problemas por esos 500 euros que cobraba”.

Pobreza es recibir una pensión de 526 euros y no tener empleo
Lo que peor lleva Patri es la pobreza, cobra una pensión de 526 euros al mes.

Frydas, colectivo feminista de mujeres con diversidad funcional

Patri fundó junto a su amiga Lorena Frydas, un colectivo feminista de mujeres con diversidad funcional. “Vimos que el feminismo y la diversidad funcional no iban muy unidos, así que lo creamos para que el feminismo se acordara de la diversidad funcional. El año pasado, para el 8 de marzo, conseguimos un carril lento –para mujeres en silla de ruedas, muletas, etc.– y puntos de cuidados en la manifestación de Madrid, y este año esperamos mejorar lo hecho el año pasado. Habrá un bloque en la manifestación de mujeres con diversidad funcional”. Frydas es una manera de decirle al feminismo y al mundo: “Aquí estamos con todas nuestras diversidades”.

Como colectivo también dan charlas en asociaciones, “hablamos sobre feminismo y diversidad funcional”. Patri confiesa que es feminista “desde hace dos o tres años. Me costó verlo al principio, pero ahora me siento súper orgullosa cuando me dicen que soy feminista radical”, dice con alegría, “yo lucho por la igualdad de derechos”. De hecho Patri no era activista de ningún tipo ni estaba interesada en la política. “Tachaba la política de cosas que hacer en mi vida”, se ríe. Y, sin embargo, ahora está entregada en cuerpo y alma, afirma que lo que más le gusta en el mundo es su militancia. “Hacer política si no quieres que te la hagan”.

Militancia política y diversidad funcional

Patri llegó al feminismo de la mano de la Secretaría de Feminismo de Podemos, partido al que se adscribió en su nacimiento. Aterrizó en la política antes de estar en silla de ruedas, cuando empezó a darse cuenta de que “la gente no sabe de diversidad funcional y por eso no se habla de ella. Ni en los partidos políticos ni en la sociedad se habla de diversidad funcional. Menudas peleas tengo yo en mi partido con este tema para conseguir que la diversidad funcional esté más presente”, dice con un gesto de la cabeza que refleja que no está dispuesta a parar en la defensa de su causa.

“Yo en Podemos no cobro”. Actúa de vocal en la Comunidad de Madrid en el campo de barreras arquitectónicas. “Hay dos plenos al año, pero no dan para nada. A ver si conseguimos que por lo menos hubiera uno cada tres meses”. Las barreras son constantes. Por ejemplo, se acaba de inaugurar la Gran Vía madrileña tras una obra de ampliación de las aceras. “Muy bien, muy bonita, pero si te fijas, muchos de los establecimientos que hay en esa calle tienen como mínimo un escalón para entrar. Así que yo sola ya no puedo ir a ninguno”.

Pobreza, diversidad funcional y una vida de activista
Patri llegó al activismo y a la militancia política hace pocos años, ahora es feminista y fundadora de Frydas.

Desde que el activismo y la militancia se han apoderado de la vida de Patri es muy crítica con todas estas realidades. Tiene amigas que no ponen pegas a no poder entrar solas a un bar, por ejemplo, y a tener que pedir ayuda para hacerlo. Esto saca de quicio a Patri, que no para de decirles que todos los lugares tendrían que ser accesibles porque tienen derecho a ello. “Estar en una silla de ruedas tan tarde –no de nacimiento, ni desde pequeña– me ha hecho ser más activista. Yo me echo las manos a la cabeza y me quejo por todo, me he vuelto muy quejica”, se ríe. “Cada vez tengo un carácter más fuerte, por la situación, por la sociedad”. Ahora vive en Fuenlabrada y no puede coger el tren de cercanías porque no está adaptado, así que “tengo que ir en metro, que normalmente me obliga a dar muchas más vueltas haciendo transbordos”.

A Patri no le gusta la palabra discapacidad “porque es una palabra impuesta”. En cambio “diversidad funcional son unas palabras elegidas por el colectivo”.

Ataxia, una enfermedad rara

Patri tiene ataxia, una enfermedad rara degenerativa. La Fundación del Cerebro recoge cifras de la Sociedad Española de Neurología que estima que en España hay 13.000 afectados por algún tipo de ataxia cerebelosa. “La ataxia es un fallo del cerebelo, tiene que ver con la coordinación y el equilibrio, y es heredada de mi madre. Me la diagnosticaron a los 17. Entonces estaba bien, hasta los 35 o 36 no empecé a notar nada, como que fue entonces cuando la enfermedad se despertó”.

Como es degenerativa, Patri sabe que “dentro de un tiempo no podré hacer cosas que ahora hago”. Hace un año se quedó en silla de ruedas. No la usa en casa, donde va andando. “Voy más lenta y me agarro a los muebles”.

Quizás era muy joven cuando se la diagnosticaron porque Patri recuerda que por aquel entonces se quedó tal cual, ni frío ni calor. Sin embargo su tía siempre le decía que iba a acabar como su madre, así que más o menos sí que se hacía a la idea de que tenía una enfermedad degenerativa.

La nueva vida en silla de ruedas

“Hombreeee, una silla de ruedas afecta. La verdad es que yo pensaba que esto llegaría, pero más tarde”, abre mucho los ojos mientras lo dice, como queriendo decir: qué se le va a hacer. “Yo sabía que me iba a quedar en silla de ruedas. Quizás empecé a darme cuenta de verdad a los 30, que ya eres como más consciente de todo. Tuve tiempo de asimilarlo, no es un accidente que llega sin avisar”.

Es un proceso progresivo, “poco a poco vas viendo que necesitas a alguien para ir a la calle porque yo ya no podía sola. Así me pasé quizás un año y medio o dos. Te vas dando cuenta cuando de que te tienes que quedar en casa encerrada porque tienes que esperar a que alguien te saque. Hasta que fui consciente del todo de lo que me pasaba. En Podemos me dijeron mis derechos, porque yo ni los sabía. Me los enseñaron ellos y eso me ayudó mucho. Quizás por eso soy tan podemita”, se ríe. “Entonces fue cuando pedí la silla de ruedas. Tardaron dos meses en otorgarme ese dinero, 3.300 euros”.

Patri se define como “bastante fuerte, qué remedio, es que no hay más, la vida me ha hecho así. No tienes más remedio que acostumbrarte. O te haces a la idea o te hundes en casa o donde te toque”. De hecho afirma que anímicamente llevó bien la llegada de la silla de ruedas a su vida “porque ya podía salir sola, podía ser independiente. La silla es mi motor, es mi vida, porque si no, no puedo salir a la calle. Es una putada quedarse en silla, pero bueno, es más putada quedarse sin poder salir, así que lo llevo bastante bien”. Ahora tiene un 63% de discapacidad.

–¿Cómo fue tu primer día con la silla de ruedas?

–Me choqué contra un coche–, Patri se ríe a gusto. –Me fui contra un coche rojo, todo bonito, que estaba aparcado. Lorena vino conmigo para ayudarme y a ella también la atropellé varias veces–, vuelve a reírse. –Lorena me decía todo el rato, “¡pero qué haces!”. Y yo, que esto no se mueve. Pero enseguida le cogí el tiento.

Patri prefiere hablar de diversidad funcional y no de discapacidad
Debido a la enfermedad rara ataxia, Patri se quedó hace un año en silla de ruedas.

Sin hogar: vivienda accesible, vivienda asequible

Patri es incapaz de encontrar casa. “La vivienda no es ni accesible ni asequible. Compartir piso es imposible porque solo una habitación ya son 300 euros, el precio de los alquileres es una locura. Y además pocos portales son accesibles”. También sucede otra cosa, como se ve obligada a compartir piso por la escueta pensión que tiene, cuando encuentra un lugar accesible y a un precio que más o menos puede pagar, suele suceder que los que serán sus compañeros de piso ven la silla y… “Te dicen que a ver si te vas a caer, que si van a tener que estar pendientes de ti… hay gente que se asusta cuando me ve. Puedo entenderlo, pero creo que estamos muy faltos de empatía en la sociedad. Cuando andaba era más fácil encontrar piso para compartir, el problema ha sido la silla. Yo por ahora me apaño. Si vivo sola necesito ayuda para limpiar y para hacer la compra, eso es todo”.

El año pasado Patri se tuvo que ir de la que había sido su casa durante los últimos seis años. Tenía una habitación alquilada en un piso compartido en Fuenlabrada. “El dueño quería la casa para un hijo y nos tuvimos que ir los que vivíamos allí. El dueño se portó y me dio dos meses para encontrar otra casa, pero no encontré nada”. Cuando esto sucedió Patri ya iba en silla de ruedas.

–¿Te viste en la calle?

Hay veces, como ahora, en que Patri en vez de contestar sí con palabras, mueve afirmativamente la cabeza repetidas veces mientras aprieta los labios como gesto para reforzar la afirmación.

“Me siento sin hogar”. Cuando se vio en la calle “la trabajadora social me daba una habitación de hotel en Fuenlabrada una semana, pero esa no es una solución”. Denuncia que “el Ayuntamiento de Madrid no tiene sitios habitacionales para gente en silla de ruedas con 500 euros”.

Desde que salió de la que fuera su casa en Fuenlabrada ha vivido de prestado en casa de distintas amigas. Ahora lleva menos de una semana en casa de su amiga Elena, también en Fuenlabrada. “No me cobra nada y pagamos la comida a medias. Ahora mismo estoy de préstamo, pero a gusto. El hijo de Elena se desvive por mí y la novia igual. Pero estás de prestado… Es que mis amigas no se tiene que hacer cargo de mí, se tiene que hacer cargo el estado”. Por un momento duda. Pero sí, acaba repitiendo para sí misma, esta vez convencida, que es el estado quien se tiene que encargar de ella. Patri está en la lista de espera de los pisos del Ivima, aunque no se muestra esperanzada de que vaya a llegar uno pronto.

Búsqueda de empleo con diversidad funcional

“Yo desde los 18 hasta los 28 años he trabajado cuidando niños en casas particulares. He sido muy niñera siempre, ahora no tendría paciencia”, se ríe. “Y tampoco podría hacerlo”. Después trabajó “en una cadena de embalaje con gente que tenía otras discapacidades, sobre todo intelectual. Allí conocí otras realidades, a mujeres a las que habían esterilizado forzosamente… por eso ese tema me toca tanto. También conocí a mujeres a las que les habían quitado a los hijos, a las que las obligaban a tomarse la píldora…”.

Una enfermedad rara degenerativa sumada a la pobreza
Patri sueña con tener un empleo y un hogar.

El mejor trabajo de Patri llegó después, con la ONCE. Vendió cupones en Madrid y Pinto, pero sobre todo recuerda la época de Madrid, que duró un año. “Me sentí muy bien porque me gusta mucho tratar con la gente”. De ahí pasó a ser teleoperadora en Hacienda, “estuve dos campañas de la renta dando citas por teléfono a la gente. La última fue en 2013 y ese fue mi último trabajo”.

Patri busca empleo, aunque lo ve crudo. “Lo que más hay para personas con discapacidad es limpieza, pero yo no puedo. Busco de atención al cliente, que se me da bastante bien, pero pffffff, piden idiomas y un montón de cosas. Estoy en bolsas de empleo para personas con discapacidad, pero no veo muy factible encontrar uno. Luego también está el tema de llegar al trabajo, porque no solo es encontrar un trabajo, es poder llegar a ese trabajo, que haya una forma accesible de hacerlo”.

“Mi situación hoy por hoy es pésima. Sueño con tener una casa, con tener una vida como cuando trabajaba en la ONCE en Madrid”, recuerda aquella época y se le alegra la cara, aquellos sí que fueron buenos tiempos. 

11 Comentarios

  1. Tamara Gonzalez

    Buenos días! Me ha encantado el reportaje. Acabo de descubrir este portal y me ha gustado mucho en enfoque.
    Un país se retrata por como cuida a sus ciudadanas en las situaciones de vulnerabilidad… Nos queda mucho camino.
    Respecto a la historia de Patri, hay un dato que creo que es importante: ella explica que cobra una pensión que solo le permite trabajar en Centros Especiales de Empleo excepto en la Once. Por los datos que da podría ser una IP Absoluta? Esta pensión es incompatible con la mayoría de trabajos del mercado pero SI es compatible con los CEE y la Once.
    Gracias por dar voz a las grandes minorias

    • Gracias a ti, Tamara. Lo que dice el texto es lo siguiente: «no poder trabajar en sitios que no sean Centros Especiales de Empleo, como la ONCE”.

    • Patricia Montejo Vargas

      Perdona por tardar tanto, sí, es compatible con CEE, la Once también es un CEE

  2. Beronica

    Me a gustado mucho esta entrevista. Demuestras mucha fuerza para salir adelante. Si todos pusiéramos nuestro granito de arena para ayudar a personas con problemas para poder tener una vida mas llevadera y con los cuidados que realmente necesitan todo iría mucho mejor. Pienso que estar en lista de espera para casos como el tuyo es lamemtable ,creo que Tendríais que ser lo mas urgente en estas listas. Sigue luchando y así entre todos llegaremos mas lejos.

  3. Ana

    Soy solidaria con estas mujeres y siento igual Pues soy exactamente igual incluida mi capacidad de movimiento y silla de la reina o moto como yo la llamo. Besos y todo mi apoyo

  4. Lola Alcántara

    He leído todas las historias que has publicado hasta ahora. Están muy bien escritas (en la forma y en el fondo) Has sabido hacer lo más difícil: apartarte de la ñoñería sensiblera conservando la sensibilidad ,y que se te note más la pasión que la compasión. ¡ENHORABUENA!

  5. Tamara

    Gracias a Patri y Winnie por contarnos su historia. Ojalá que los que gobiernan tomaran conciencia de historias concretas como la de Patri o el resto de protagonistas de Grandes Minorías. Sin duda, todos los que las leemos nos acercamos un poquito más a ellas y al caminar por la calle ya nos nos pasan inadvertidos.

  6. Adalberto Martínez Solaesa

    Gracias por personalizar y acercarnos a una situación que seguramente contemplamos anónimamente cada día en nuestro entorno.

  7. Ana Estrella Hernandez Munilla

    Muy buen analisis , de algo que desconocia.
    que poca solidaridad tenemos el grupo humano con loscompañeros vitales.
    Bien por Patri y su capacidad luchadora.

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