Historias cotidianas que solemos ignorar

Covid persistente

Covid persistente: la jefe de cocina que se quedó sin olfato

Chus Fresno lleva quince meses con covid persistente

“Estaba muy ahogada, con muchas pulsaciones y llegué a tener 82% de saturación de oxígeno en sangre. Había ido al centro de salud y cuando vieron el 82% la cara de los médicos era un poema. Esa es una cifra muy baja, te puedes ahogar del todo, lo normal es tener un 98% o así. Me dijeron: te pedimos una ambulancia y te vas al hospital, pero yo les convencí para ir primero a casa y de ahí me iba al hospital. El fin de ir a mi casa era ver a mi hija porque no sabía si la iba a volver a ver”.

“La abracé y mi pareja me llevó al hospital. Él se sentía culpable por haber traído el bicho a casa, se contagió en el trabajo pero lo podíamos haber traído cualquiera. Yo solo hacía que decirle: no dejes sola a la niña”.

“Tenía mucho miedo, pensaba que podía morirme y a día de hoy me emociono cuando lo cuento”, dice con voz temblorosa. “Cuando tiempo después volví a ver a aquel médico que me mandó al hospital, me dijo: qué alegría me da volverte a ver porque creí que no salías”.

Chus Fresno es de Salamanca y vive en Zamora, tiene 45 años y long covid o covid persistente.

“El covid persistente, aparte de una puñeta”, dice riéndose, “¿sabes cuando la gente se vacuna y le da reacción y se pone fatal? Pues así estoy yo. O la gente que te dice: cómo me sentó el covid; pues mira, yo sigo. El covid persistente es que pasadas doce semanas del contagio sigues teniendo síntomas. Yo llevo quince meses padeciéndolo”.

Hospitalización y vuelta a casa

“Cuando me contagié el 30 de octubre de 2020 tuve fiebre muy alta, mucho dolor de garganta, me ahogaba, taquicardias, diarreas, perdí gusto y olfato, se me olvidaban las cosas y tenía la coagulación alta. Con los días me puse peor y cuando me ingresaron me pusieron oxígeno y tuve que estar varios días, no me acuerdo cuántos, tendría que mirarlo –todavía hay fechas que no consigo recordar–. Las primeras horas en el hospital fueron horribles porque no sabes si vas a volver a salir, pero te hacen sentir tan bien, te tratan con tanto cariño. Impone ver a la gente con esos buzos, la sonrisa ha desaparecido de la cara pero te agarran la mano, te dan ánimos. Me fui poniendo mejor y ves que va disminuyendo esa presión que no te deja pasar el aire, es un ahogo como si te estuvieran agarrando así”, dice mientras se pone brazos y manos haciendo fuerza sobre el pecho y la garganta.

“Volver a casa fue un subidón. Mi pareja no vive aquí pero como dio positivo se quedó y poder juntarnos los tres fue… poderlos ver, tocar, abrazar ya era algo muy bueno, muy gordo”.

“Yo tenía diarreas quince o veinte veces al día, por este motivo se me desarrolló helicobácter pylori, también tuve lengua covid –con heridas–, las articulaciones inflamadas, dolor de cabeza muy intenso todos los días, taquicardias: a día de hoy sigo tomando tratamiento para el corazón, entonces llegué a tener 160 pulsaciones en reposo; hoy suelo tener 110. Y el cansancio extremo… yo vivo en un chalé y como subir la escalera era un trabajazo, decido hacer vida en el salón: pusimos unos colchones para dormir y allí estuve mucho tiempo. Dependía de mi pareja y de mi hija para todo. Por ejemplo, poner la lavadora y tender era imposible, un cansancio y un dolor inhumano. Me costaba hasta coger una barra de pan”.

Chus en las escaleras de entrada a su casa.

Covid persistente y la no memoria

“Me he llegado a perder dentro de mi casa… Y luego está lo del hornazo. Yo trabajaba como jefe de cocina y ¡soy de Salamanca, que tenemos el mejor hornazo del mundo! No sé la de hornazos que habré hecho en mi vida y ¿te puedes creer que me puse a hacer uno y no sabía? Tuve que llamar a mi hermana para que me dijera la receta porque no me acordaba y mi hija me tuvo que ayudar a amasar porque yo no podía. Te voy a enseñar mi cuaderno…”. En la tapa pone: tengo dos problemas, uno de memoria y el otro no me acuerdo. “Este cuaderno es como mi memoria. Que tengo que ir al neurólogo, lo apunto y me apunto lo que me pasa y lo que le tengo que decir. Lo apunto todo. Tengo recetas, números de teléfono, mira, aquí está el número de mi hermana”, me enseña mientras pasa páginas. “Tengo números de teléfono porque también me ha pasado que no he sabido ni mirar el móvil. En el cuaderno también tengo mi dirección, mi número, quién soy y con quién hay que contactar por si me pierdo. He tardado muchos meses en poder salir sola y desde entonces llevo el cuaderno. Y así todo. También tengo la casa llena de pósit para las pastillas que me tengo que tomar o en el café tengo uno que pone: ojo, que hay que echarle agua a la cafetera. Porque llegué a hacer café sin agua… Hemos tirado mucho de comida hecha porque se me olvidaba cocinar. Jolín, me da cosa decirlo porque soy una tía que ha ganado premios. Me produce mucha tristeza, con lo que yo he sido en la cocina”.

“En febrero de 2021 mi médico de cabecera me dijo tienes covid persistente y no fue hasta el 12 de agosto cuando me dieron el diagnóstico oficial”, dice esto después de mirar el calendario que tiene colgado en la cocina para confirmar la fecha. “En el calendario también apunto cosas, qué pena”, dice con una sonrisa resignada. “Yo seguía teniendo la esperanza de que iba a ponerme estupendamente bien y a día de hoy no pierdo esa esperanza. Un médico me dijo: no hay cura para el long covid y los médicos estamos en pañales; tenemos tratamiento para algún síntoma y el resto nada”.

La Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia habla de que al menos un 10% de todas las personas contagiadas con covid tienen covid persistente.

Despidos y covid persistente

Chus está bebiendo café en una taza que pone mi jefe es un gilipollas. “Yo era jefe de cocina cuando me contagié con covid. Llevaba un año de baja y me despidieron. Trabajaba allí desde 2015”. Se levanta para coger su carta de despido y me la lee. “Cuando me despidieron estaba en incapacidad temporal y denuncié gracias a que estoy afiliada a Frente de Obreros en Lucha; se han preocupado por mí que no te puedes imaginar, porque eso es otra, el proceso es muy caro y si no estás afiliada no todo el mundo se lo puede permitir. Hay personas con covid persistente a las que están despidiendo y no tienen recursos para denunciar. En mi caso llegamos a un acuerdo en conciliación, ellos reconocen despido improcedente y saqué dinero”.

“Cuando me despidieron sentí rabia, impotencia. He dado todo por ese restaurante, trabajaba sesenta horas semanales. Sabía que mi hija tenía que comer y quería darle un futuro –ahora estudia en la universidad–. Bajo ningún concepto yo podía dejar de trabajar. Actualmente he denunciado al INSS porque me han dado el alta y estoy esperando sentencia. Lo que yo pido es una prórroga, no quiero una incapacidad, lo que quiero es una cura, quiero volver a trabajar en una cocina porque me apasiona este mundo, disfruto muchísimo, pero ahora mismo no estoy para trabajar. Los enfermos de covid persistente necesitamos que nos den más tiempo para curarnos, que nos traten y no que nos dejen en casa. De momento tengo paro dos años y empecé a pensar que no hay mal que por bien no venga, así voy a tener más tiempo para curarme y ese optimismo todavía no lo he perdido. Cuando me encuentro muy abatida me voy al baño, me pinto el ojo y el labio, me aliso el pelo y me digo qué guapa estoy”, dice riéndose.

Síntomas covid quince meses después

“Si echo la vista atrás estoy mejor de lo que estaba. Hoy sigo teniendo síntomas pero otros los he dejado atrás; por ejemplo, el gusto me volvió –aunque no el que tenía antes porque ahora me sabe todo muy soso–, pero el olfato no. ¿Sabes lo que daría por oler hierbabuena, café, chocolate, bollería? Del olfato tengo mucha añoranza, para mí era todo. Puedo cocinar sin olfato pero yo no probaba las cosas, mi forma era con olfato. A veces me vienen olores muy malos pero lo digo y mi hija me dice que no huele a nada, así que debe ser que mi olfato está desordenado. A ver si quiere venir, que ya es hora. Hay veces que voy al coche, abro el capó y me pongo a oler el anticongelante porque sé que olía muy fuerte; lo hago por probar, pero nada. Para mí es penoso, no sé si es por mi profesión pero yo estaba acostumbrada a olerlo todo, iba a comprar y me acercaba todo para ver cómo olía. Recuerdo cómo olía la albahaca pero tengo miedo de que se me olvide, de no volverla a reconocer”.

“Ahora sigo teniendo diarreas pero menos y los dolores de cabeza ya no son a diario sino cada tres o cuatro días, que parece que no pero ya es algo. Hay días que tengo febrícula y el cansancio sigue, ayer me puse a limpiar las escaleras de la entrada de mi casa, que son siete, y me tuve que meter con un cansancio, me eché una siesta… Hay días peores y mejores. También se me siguen olvidando las cosas y se me inflaman muchos las articulaciones; tengo afectada la válvula mitral y atrapamiento aéreo, que es que no sale bien el aire, o eso me dijeron. Tomaré anticoagulantes de por vida y mi sistema inmunológico debe estar como una carraca porque hay días que tengo una cosa y otros otra. Por ejemplo, hay días que tengo el colesterol muy alto y otros muy bajo, no te lo explicas”.

“El cansancio extremo, la diarrea y no haber recuperado el olfato es lo que peor llevo”.

La pecera es el nombre de esta tapa con la que Chus ganó un concurso. Foto cedida por Chus.

Covid persistente: volver a ser la de antes

“Tenemos que dar mucha visibilidad a este problema, la gente tiene que saber lo que es el covid persistente: médicos, políticos, investigadores, la gente en general. He pasado por una enfermedad y sigo estando enferma pero me voy a curar, no pierdo la esperanza. Quiero que investiguen, yo no quiero dar lástima, lo que necesito es que nos den una cura. Y que la gente sepa que tenemos covid persistente pero no contagiamos”.

“Todos los enfermos de covid persistente queremos volver a ser los que éramos. Con todo esto he aprendido que sin salud no hay nada, antes vivía para trabajar y mi hija. Al principio se siente mucha tristeza de decir no soy la que era, te ves como una abuelita. Es supertriste toda la gente que se ha quedado por el camino con el covid, doy gracias por estar viva pero cómo hemos quedado los supervivientes que tenemos long covid. Tu vida ya no es igual, yo era superinquieta y ahora muchas veces dependo de mi hija. Quiero tener mi vida y mis jornadas maratonianas: trabajo, gimnasio, bailar, nadar, poner lavadoras, comprar, planchar; sueño con ir a Petra y a la India. Me gusta mucho ir a los museos y echo de menos hacer rutas por el campo e ir a la nieve”.

“Soy más superviviente de lo que creía, he tenido momentos muy bonitos en mi vida pero también he pasado cosas muy malas y todavía estoy en pie. No sé si es que la vida me pone vallas y yo las voy saltando. Ahora me da miedo volverme a contagiar, ¿y si me pongo peor? El episodio de despedirme de mi hija ha sido lo más duro que he pasado con el covid a pesar de todo lo demás”.

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  1. Juan

    La publicación de la noticia no quiere decir que sea el día q se realizó. Se realizó en noviembre de 2021. Y al resto mejor no te contesto porque simplemente no es cierto. Se nota que tienes enemistad con esa persona.

  2. jose

    Lo de esta mujer es vergonzoso.
    Una mujer que en marzo dice sentirse fatal, un cuerpo de 80 años en una persona de 40 sin olfato y con diarrea, pero que en un mes se recupera hasta el punto de que esta semana en Abril, abre un negocio de hostelería donde ella figura como jefa de cocinas.
    Que dice que se pierde pero al terminar la baja del covid le dan un golpe en el coche por detrás y se tira otra buena temporada de baja por un gravísimo latigazo cervical.
    Que es despedida y se queja cuando a sus jefes les iba poniendo de yonkis cocainómanos y hablando pestes del negocio, del cual solo valía ella.

    Sinceramente flaco favor nos hace a los enfermos de COVID PERSISTENTE, porque hay muchos que sí estamos enfermos y lo sufrimos en silencio, sin cacareos ni buscar portadas ni poder.

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