Grandes Minorías

Historias cotidianas que solemos ignorar

Violencia de género

La violencia de género sufrida y contada por el hijo de un maltratador

Hijo de maltratador no da su nombre porque teme a su padre

“Me duele y me cuesta horrores la palabra padre”.

“Yo veo la escena una y otra vez, te lo puedo dibujar, sé perfectamente donde estaba cada uno en el salón. Ese día había venido a comer parte de mi familia. La casa estaba toda reventada de golpes. Echaba disolvente, prendía fuego y cosas así. Mis padres ya estaban divorciados. Él vino a casa y cogió a mi madre de aquí”, se coge el cuello con una mano como si fuera a ahogarse a sí mismo. “La levantó en peso y la llevó a la cocina contra el frigorífico. Él era muy de coger del cuello. La cara de mi madre no la olvido”, dice mientras empieza a llorar. Se acelera su respiración mientras las lágrimas corren por su cara, pero no deja de hablar. “A mis primas y a mí nos metieron en un cuarto. Me quedé con ellas abrazándolas y no me tiré a ayudarla. No me perdono eso. Ese es el episodio más traumático para mí. No supe reaccionar. Te lo cuento y hasta me duele el estómago. Oía a mi madre llorar en la cocina, gritos. Sentí terror, rabia, impotencia”.

“Tenía 9 años. Mi familia llamó a la policía y él se fue. Y tuvo el descaro de volver y decir ‘¿están por ahí mis gafas de sol?’. Porque se le habían caído. Llegó la policía, a él lo sacaron esposado y a mi madre la llevaron a urgencias. Yo vi a mi padre entrando en el coche de la policía desde la ventana del cuarto donde estábamos. Y yo he estado ahí, no supe hacer nada, no pude, no quise, yo qué sé, pero volvería a atrás y cogería ese cuchillo con el que tantas veces nos ha amenazado y se lo hubiera clavado en la espalda. Ahora no lo haría, pero entonces sí”.

Es Hijo de Maltratador (@HMaltratador) en Twitter. Hoy tiene entre 30 y 40 años. Prefiere no dar su nombre. “Temo más que haga daño a mi madre, hermana y mi sobrina que que me haga daño a mí. Temo reavivar la bestia que ahora mismo está calmada, ahora no está pendiente y acosándonos. Él llegaría a matar, estoy seguro”, sus ojos se humedecen y vuelve a llorar. “Esto es muy duro”. Su padre está vivo y coleando y reside en la misma localidad que él, su hermana y su madre. “Mira que han pasado años, pero cuando lloro de verdad es cuando me pongo en la piel de mi madre y de mi hermana. A mí me daría igual salir a la calle y contar esto. Yo lo podría coger por la calle y decirle: ‘¿Tú sabes lo que me has hecho?’ Y empezar y no parar. Pero me puede matar de una paliza y tengo miedo por mi hermana y mi madre. Si lo veo por la calle, procuro evitarlo”.

Hijo de Maltratador Prefiere mantener su anonimato por temor a su padre.

La huella de la violencia de género en un hijo

Su padre tiene una nueva pareja. “Cuando se lió con la otra, nos olvidó. Todavía tengo miedo, pero no lo quiero manifestar porque eso le daría el poder, le daría el mando de mi vida a una persona que no tendría que tenerlo. Incluso a veces he pensado… imagina que deja a la mujer y viene en busca, yo qué sé”. También se ha preguntado si su actual pareja ha pasado y está pasando por lo que pasaron ellos. “Está fuera de mi vida y yo hago que esté dentro, en mi recuerdo, y mira que llevo años de terapia. Yo como que lo tengo presente, la gente me tiene que recordar: ‘No está en tu vida, es parte de tu pasado’. Veo a personas que tienen gestos que me recuerdan a él y no puedo. Llegué a odiarme por tener sus rasgos. No me gusta mirarme al espejo y lo he evitado. No me gustaba lo que veía porque me lo recuerda”. Parte de su terapia ha consistido en ser capaz de volver a mirarse al espejo y reconocerse a él y no a su padre.

Ser Hijo de Maltratador en Twitter no ha sido fácil. “Me duele mucho oír esa palabra y me dolió mucho utilizarlo así”. Esta cuenta es parte de su terapia. Su perfil anuncia: “Mi desahogo, liberación y superación”. Su psicóloga le había regalado un bloc de notas en blanco para que escribiera todo lo que le pasara por la cabeza, lo que fuera. Pero no lo hizo. Tiempo después tuvo una pesadilla recurrente en mitad de la noche. Se levantó y creó la cuenta de Twitter. Cuenta que estuvo sin actividad durante un mes, hasta que se animó a hacer en Hijo de Maltratador lo que su psicóloga le había dicho que hiciera en el bloc de notas.

El principal motivo que le llevó a pasar del bloc fue “que me duele muchísimo al escribir”. Tiene diversos problemas de salud, entre ellos una enfermedad crónica incapacitante que le produce mucho dolor y no le permite trabajar. “El tema de las somatizaciones es difícil que la gente lo entienda. Yo lo somatizo todo físicamente. Todo suele empezar por las cervicales. La tensión me viene de la contención, tengo un alto nivel de autoexigencia conmigo mismo. Con no fallar a los demás, con ayudar a los demás. Con no perdonarme si les fallo. Soy mi peor enemigo, como dice mi psicóloga”.

“Yo busco el reconocimiento de la sociedad de que no soy un inútil como él me decía. Quiero aportar mi grano de arena en este mundo. Recibíamos más insultos al día que veces bebíamos agua. El inútil, me decía. Y ahora como que le tengo que demostrar al mundo que no soy un inútil y encima me viene una enfermedad incapacitante…”. Y sin embargo “no me lo creo, no me lo permito creer el ‘qué bien lo has hecho hoy’. Desconfío mucho de la gente que me halaga”.

Sospecha que alguna de las enfermedades y trastornos que tiene, incluso todos, pueden estar relacionadas con su condición de víctima de violencia de género. “Pero no te puedo poner la mano en el fuego de que sea así”.

Un maltratador como padre

“Subo corriendo una escalera de caracol, él me persigue con un cuchillo y noto las cuchilladas en las piernas. Esa mirada de odio que él tiene… Este es un sueño recurrente”. Unas de las noches que tuvo este sueño fue la que creó la cuenta de Hijo de Maltratador en Twitter.

Pero no todo el mundo tiene esa visión de su padre. “Tú hablas mal de mi padre en el barrio y te comen. Esto es una cosa muy importante que te quería decir. Es majísimo, sonriente, complaciente con los demás, muy espléndido, muy chistoso. Yo esa parte de él la he visto cuando está en público. En mi casa era otra cosa: maquiavélico”.

“Cuando veía a críos que hablaban en el colegio de su padre… y yo: ‘Se ve que se llevan bien con su padre. Yo mejor no hablo’. Yo no tengo ninguna experiencia de estar con mi padre bien, te lo digo de verdad, ninguna”.

Las experiencias que él tiene son de este tipo: “Llegué del colegio y me senté en el salón, tendría 7 años. ‘¿Quieres costillas para merendar?’, me dijo. Y yo, ‘no, ahora mismo no’. Ya ves tú, costillas para merendar… pero me sorprendió que me dijera si yo quería algo de comer. Oigo la sartén en la cocina. Aparece en el salón. Me lanzó el contenido de la sartén encima. Menos mal que había hecho las costillas a la plancha sin mucho aceite. Me dejó todo enrojecido. Tardé en reaccionar hasta que salí corriendo hacia mi habitación. Me cogió por el pasillo, me cogió del cuello colgando y cuchillo en el cuello. Esa mirada, esa forma de mirar suya la recuerdo. La tengo en la retina. La expresión de odio, odio, odio. Y me dijo: ‘Una tarde cuando llegue tu madre del trabajo se va a llevar un susto’… Llamó a mi madre al trabajo y la obligó a que viniera a casa. Vino y ella y yo pasamos la tarde fuera hablando en un banco. ‘Intenta no provocarlo’, me dijo mi madre. Es que no había hecho ná, Winnie, te lo juro por mi vida… Y después vete a dormir allí. Yo estaba más seguro en la calle que en la casa. Por eso el sonido de la cerradura me marcó de por vida. El sonido de la cerradura es alerta máxima”.

“No pasar por delante de la televisión, andar de puntillas, sal del baño si quiere entrar él –da igual lo que tú estás haciendo, si te estás duchando o lo que sea–. Y aun así, con todas las precauciones, si venía y le daba, pues le daba, ni con esas nos salvábamos. Era como tirar la moneda, ¿será hoy el día, será hoy? Es todo el día taquicardias, taquicardias, taquicardias”, cuenta acelerado mientras se da golpecitos con la mano a la altura del corazón. “Yo solo estaba bien con mis abuelos”.

hijo de maltratador sufrió maltrato y su madre también
“Él era muy de coger del cuello”.

Coged las bragas y los calzoncillos, nos vamos

Sus padres se habían divorciado hacía poco cuando el padre volvió a casa y salió de allí esposado tras casi haber matado a su madre en la cocina. Antes del divorcio un día el padre llegó enfadado increpando a su hermana porque no encontraba la cantimplora. La hermana no sabía nada de la dichosa cantimplora pero el padre siguió y siguió. Otra más, otra de tantas. Pero aquel día no fue como los demás. “En mitad de la bronca, ‘coge las bragas, coge los calzoncillos’, nos dijo mi madre a mi hermana y a mí. Pero así, ‘coge las bragas, coge los calzoncillos’. Cogimos las bragas y los calzoncillos y nos fuimos por la puerta. Yo creo que le pilló a él descolocado, creo que fue esa la clave, que no se lo esperaba. ‘Ya está bien’, dijo mi madre. ‘Si os vais no volváis’, acertó a decir él. ‘Por supuesto’, dijo ella y ¡pum!, cerró la puerta”.

La madre y los hijos se fueron a casa de un familiar. “Toda la santa noche los tres agarrados temblando y llorando. Le dije: ‘¿Sabes que nos podía haber matado, mamá?’. ‘Si ya estábamos muertos, tenía que intentarlo’, me respondió”. Él tenía 8 años.

Con el divorcio llegaron las amenazas. “Mató a todas nuestras mascotas porque no volvíamos. Se deshizo de cosas de la casa. Todo esto lo vimos cuando pudimos volver a casa. Un juez dijo que mi padre se tenía que ir. Volvimos y mi madre no estaba segura, había que cambiar el bombín de la puerta, el toldo lo teníamos siempre con cadenas a la barandilla, las persianas bajadas. Porque un cristal lo rompe él de un puñetazo, que estaba acostumbrado”.

“Con el divorcio el juez le dijo a mi padre: ‘¿Qué pide usted?’. Y él dijo: ‘La mitad de la casa y el coche. Los hijos para ella’. Y mi madre le dijo, ‘ale, lo que quieras’. El coche lo había pagado mi madre y lo terminó de pagar estando ya divorciados, cuando ya no lo tenía ni ella. Me acordaré toda mi vida del modelo de coche y la matrícula”. Sin que se lo pida lo compruebo, me describe con pelos y señales ese coche, el coche.

Su vida había cambiado. Ya no estaba más seguro en la calle que en casa. Sin sentirse seguros tampoco en su hogar, el problema venía al salir. “Salíamos al colegio o mi madre al trabajo acompañados siempre de un familiar. Y mi madre llevaba su cuchillo en el bolso. Es ir por la calle e ir mirando pa’tras y mirando pa’trás y mirando pa’tras”, lo recrea mirando constantemente hacia atrás en tensión. Por si esto fuera poco “lo que no ha hecho nunca es pasarme un puto duro de pensión. No llegábamos ni a final de mes con el sueldo de mi madre”. Contaron con la ayuda de varios familiares y otros los ayudaron “con reticencias porque no les gustaba que una mujer se divorciara”.

Su madre lo denunció varias veces por impago de pensión hasta que le preguntó a su hijo: “¿Me perdonarías si yo metiera a tu padre en la cárcel?”. Su respuesta fue y es clara: “Yo no quiero que esté en la cárcel, entre otras cosas porque cuando saliera nos iba a matar. Él es vengativo, muy vengativo”. A día de hoy “no me aliviaría el dolor vengándome, viéndolo en la cárcel o dándole una puñalada”.

Y puede que lo peor del divorcio, lo que le dejó más huella, no fuera nada de esto. “Yo todavía quería que mi padre me quisiera y no me hiciera daño. La sentencia salió con lo de los fines de semana. Me recuerdo en el teléfono esperando que me llamara para vernos. Horas y horas. Y gritándole a mi madre: ‘¡Me va a llamar!’. Yo quería que me quisiera, es humillante reconocerlo… coño, no sé”.

Maltrato psicológico a un hijo

“Me puso varias veces el cuchillo en el cuello. Sobre todo era agarrarnos del cuello o cogerme del brazo y levantarme”. Sin embargo “el maltrato psicológico es el que te anula completamente. Es una tortura invisible, te avergüenza haberlo vivido, te avergüenza contar que no has sabido defenderte. Porque un golpe vale, te recuperas. Lo otro te deja unas secuelas psicológicas… Y cuando eres un vegetal estás bajo su control. Tú no eres capaz de mirar que otra vida es posible. ‘O conmigo o con nadie’. Eso nos lo decía mucho. Por eso creo que un maltrato psicológico es mucho más, mira los años que llevo en terapia. He pasado por muchos psicólogos desde los 8 años. A raíz del divorcio de mis padres nos pusimos en tratamiento los tres”, lo cuenta mientras le caen lagrimones por la cara. Se los quita con la mano y sigue hablando sin parar. “Después del divorcio empecé a caer malo físicamente, me sentía huérfano… fíjate. Lloraba por todo, caí en depresión, estaba muy triste”.

Desde entonces ha recibido terapia durante nueve años –en momentos de su vida no consecutivos– y todavía sigue. “He avanzado muchísimo”. En terapia sigue trabajando el haber sufrido “humillación y desprecio. Cuando eres un crío lo de la muerte se vive diferente, el miedo era al dolor, al sufrimiento. El sufrimiento era un bucle. Yo sufro por mí, por mi hermana, por mi madre. Mi madre por ella y por nosotros, y así todo. Me ha intentado arrebatar lo que más quiero y necesito en esta vida que es mi madre, más agresiones verbales y ambientales. Una violencia que te cagas”.

“Lo que ha sufrido mi madre no está escrito. Cuando la veía llorar cuando él no estaba, cuando le vi la cara de terror el día del frigorífico… yo ahí ya sabía que él quería matarla. Me quería matar a mi madre, que no es de mi posesión, pero yo lo veía así, así de claro. Mi madre hubo un momento que habló con nosotros con calma y nos contó que le podía pasar, que podía faltar. Con el tiempo entendí a lo que se refería”.

“Mi hermana y yo sufrimos bullying en el colegio y lo llevábamos en silencio. Yo era el raro, el introvertido. Entonces el bullying decían que eran cosas de críos. Los profesores me tenían como el que no se integra, según la maestra yo era muy quejica, muy sensible. De pequeño era incapaz de contar lo que me pasaba. En el colegio no tuve absolutamente ningún apoyo”. Siente que le robaron la infancia y la adolescencia. “A mí ni me apetecía ni me interesaba jugar. ¿Tú te crees que así puedes vivir?”.

En aquella época los hermanos estaban distanciados. “Si a ti te está llamando gorda y yo me meto, entonces me va a atacar a mí… es que tela… tela. Mi hermana se ha expuesto más veces por mí que yo por ella”.

“Hubo una amiga de mi madre que sí le dijo ‘yo te creo’ y la apoyó mucho. Nosotros no queríamos convencer a nadie, queríamos que parara y punto”. Hoy “muy pocas veces hablo del tema con mi madre y mi hermana. Parece que el tema es un poco tabú para no engancharnos otra vez con el dolor”.

Qué pasa con los niños víctimas de violencia de género

En palabras de Save the Children, “desde que en 2013 se comenzaran a contabilizar en España los niños y niñas víctimas de violencia de género hasta ahora, 221 han quedado huérfanos y 25 menores de edad han sido asesinados, o bien por las parejas de sus madres o, en el caso de chicas jóvenes, por su propia pareja”. Los datos son del 17 de octubre de 2018. Desde entonces las cifras han aumentado y pueden estar aumentando en el momento preciso en que estás leyendo esto.  El informe de Save the Children Más me duele a mí. El maltrato que se ejerce en casa afirma que “en España el 25% de niños y niñas han sido víctima de maltrato en su hogar. En 2017 se registraron 4.875 denuncias de violencia a menores en el ámbito familiar”.

De todas formas él no está en ninguna de esas cifras. Su caso es anterior a que se empezara a llevar la cuenta. A él nadie lo ha contado.

“A mí me costó etiquetarme como víctima de maltrato porque siento que la verdadera víctima es mi madre. Nosotros somos instrumentos para hacer daño a mi madre. El objetivo de mi padre: hacerle daño a mi madre, no sé por qué. No sé si disfruta maltratando, teniéndola sometida, aterrada. Tampoco me quiero poner en su piel. Yo soy un efecto colateral de la violencia de género. Una prolongación de mi madre”.

–¿Qué sientes cuando ves en las noticias a una nueva mujer asesinada?

–Que seguimos vivos a pesar de ti. Sale una parte mía de decir he sobrevivido de algo que mucha gente por desgracia no ha sobrevivido. También cuando veo una muerte de mujer yo pienso en sus hijos, qué poco se habla de estos críos. Me revuelve y me pongo a llorar. Ojalá pudiera ir a abrazar a cada uno de esos niños. Siento dolor y sufrimiento, el temor que habrá pasado esa mujer. Que no son cifras, que son vidas. Y cuando se ejerce violencia contra la mujer, se ejerce contra todo su entorno.

hijo de maltratador tiene una vida marcada por el dolor
“Necesito que la sociedad tome conciencia de que existimos”.

Culpabilidad tras haber sufrido maltrato

“Necesito perdonarme a mí mismo, pasar más tiempo con mi madre y mi hermana, disfrutar de mi sobrina, cuidarme más mi salud y todo. Necesito que la sociedad tome conciencia de que existimos. Y que los que sobrevivimos tenemos que enfrentarnos a la vida con un lastre que tenemos que aprender a soltarlo. Y el estigma de padre maltratador-hijo maltratador, mentira. Y, por supuesto, que el feminismo es muy necesario”.

“Culpabilidad siento muchísima. Me siento culpable por no haber reaccionado ante los episodios violentos, de haber culpado a mi madre de las situaciones, de que no sé si en algún momento he provocado yo alguna de las situaciones, de no haber ayudado más a mi madre y mi hermana… y de más cosas. Además que me culpo yo, no es que nadie me diga tú eres culpable. Y sé que tengo que trabajar eso… y ojalá deje de sentirlo algún día”.

6 Comentarios

  1. Micaela

    Tu historia me resulta tan dolorosamente familiar… Mucho ánimo. El tiempo cura muchas cosas aunque son más fáciles las heridas superficiales. Las profundas, las que llevamos sin que los demás lo sepan, se abren al momento con solo leer artículos como este, con tanta verdad y tanto dolor. Pero hay que intentar seguir adelante, soltar lastre, volverse incluso un poco egoísta cuidándote más a ti mism@ y aprovechar cada oportunidad para inculcar a las generaciones que nos siguen el sentido importantísimo que tiene luchar contra este terrorismo familiar silencioso, para intentar ponerle algún freno. Queda tantísimo por hacer. Pero quítate de encima cualquier sensación de culpa. Obviamente no es tuya ni mía ni de todos aquellos niñ@s y madres que hemos sufrido esto. Quizá es de esta sociedad que no acaba de enfrentar bien este gravísimo problema. Educación, adicciones, trastornos mentales, … hay muchos frentes que atender para cortar sus derivadas. Mucho ánimo.

  2. Emmy

    Hay huellas de sangre, que solo salen con sangre. La impotencia que se siente es terriblemente avasalladora, dicen que todo se paga en esta vida….. No se si tu esperas ver la justicia de Dios, yo en mi caso, si la espero, la deseo, la necesito. Recuerdo cuando tenia como 8 años, en la noche, al dormir, sin querer, me orinaba en la cama, al darme cuenta, le pedia a Dios que me enviara la muerte, no queria amanecer viva… Ya sabia lo que me esperaba. Te envio un abrazo bien fuerte

  3. Gracias @hijodemaltratador por tu generosidad al compartir esa tremenda herida infringida por la violencia y la falta de amor del que decía ser tu padre. No eres culpable de nada y sí víctima de una relación no elegida. Hablarlo y llorar es sanador para ti y para los que te abrazamos desde la tremenda emoción que nos has despertado.
    Un fuerte abrazo.
    Abrázate tú también y busca la felicidad

  4. Ana Hernandez

    Brutal ,inhumano durísimo ,pero el chico y la hermana supieron vivir en ese infierno por amor materno.
    Historias reales que nos posibilita ver , lo que la sociedad esconde y por tanto. la realidad. de la vida,
    Enhorabuena el conocerlo a través de tus letras , nos ayuda a ser mejor persona

  5. Lurdes

    Sé que es cierto, leyéndolo recuerdo lo que hemos pasado desde la infancia, yo era la mayor. Muchas cosas las ignoras y hasta las olvidas, creo que entonces te afectan más. Después vives las secuelas, marcas grabadas a fuego en todos tus poros. Me capturó la atención en la primera frase, y empecé a recordar de nuevo…

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