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Nahla y la protección internacional: Bagdad, Madrid y una tarta del Barça

Nahla es de Iraq y vivió en campos de refugiados en Grecia

Nahla es de Bagdad. Ahora vive en Madrid tras abandonar Iraq.

Nahla Alkhatib tiene 33 años, es de Bagdad (Iraq) y está dentro del sistema de protección internacional. Es menuda, habla despacio y bajito. Habla español mejor de lo que cree, toda la conversación transcurre en nuestro idioma. Apenas gesticula, sus manos están casi todo el tiempo metidas en los bolsillos de su abrigo. Transmite timidez y serenidad. Una serenidad que parece imposible teniendo en cuenta su pasado reciente y presente.

El 26 de febrero de 2016, Nahla, su marido y sus tres hijos abandonaron Bagdad rumbo al norte de Iraq, a Arbil. Sin un destino definido, el objetivo era salir del país y pasar a Turquía. Así comenzó su viaje de refugiados. Una vez en el sudeste turco, se desplazaron hasta el extremo oeste del país, a Izmir, con la intención de poner rumbo a Grecia. “Desde allí salimos en un bote de goma, creo que íbamos 76 personas. No me acuerdo muy bien. De lo que sí me acuerdo es de que había 48 niños”. Por ese trayecto en bote habían pagado cada uno, y resalta cada uno, 1.600 dólares –unos 1.400 euros–. “Nos dijeron que el bote sería de 25 personas, por eso era tan caro. Pero no era verdad. No dicen la verdad, nadie dice la verdad”. La narración de Nahla no se interrumpe, “en el medio del mar nos quedamos parados, sin avanzar más, y entró agua en el bote”. El trayecto se le hizo interminable. Recuerda que salieron de Turquía a las 19:00 y llegaron a Grecia a la 1:30 de la madrugada. “Un barco muy grande viene para ayudarnos”, prosigue, y gracias a ese barco pudieron llegar a una isla griega cuyo nombre no recuerda. “No quiero recordar este día, no quiero hablar porque fue muy difícil. Pensaba que mis hijos morirían”.

Nahla y su familia hicieron su viaje en bote justo cuando la Unión Europea firmaba un acuerdo con Turquía para frenar la llegada de personas como ellos al continente europeo. Según cifras de la Comisión Europea, las llegadas a Grecia se redujeron desde un máximo de 10.000 en un día de octubre de 2015 a una media inferior a 74 al día desde marzo de 2016.

Desde la isla griega de nombre olvidado un barco trasladó a la familia al campo de refugiados de Katsikas, donde estuvieron un mes. Con la intención de proseguir el viaje se trasladaron a Atenas, donde vivieron “en una tienda de campaña en la calle, cerca del mar.” Su paso por Atenas no facilitó que pudieran proseguir su viaje y su siguiente destino fue el campo de refugiados de Skaramagas. Allí “vivimos en una caravana ocho personas. Muchísima gente vivía en el campo, más de 3.000, creo”, comenta. En Skaramagas fue donde más tiempo pasaron, alrededor de un año. Las condiciones del lugar y las ganas de proseguir el viaje de refugiados los llevaron a intentarlo andando. Estaban en Macedonia cuando la policía los detuvo y les hizo volver, nuevamente andando, al campo de refugiados de Skaramagas. Fueron varios días de caminata en los que durmieron en la calle, «hacía mucho frío».

De vuelta a Skaramagas la situación había cambiado. Nahla estaba embarazada del que sería su cuarto hijo, que el pasado diciembre celebró su segundo cumpleaños en Madrid. En los planes de Nahla no estaba quedarse embarazada y menos aún tener un hijo que naciera en Grecia en un campo de refugiados, como así fue. Cree que se quedó embarazada en Iraq o incluso en Turquía, cuando todavía no sabían lo que les esperaba.

A pesar de las dificultades, Nahla trató de sacar algo de partido a su estancia en Skaramagas y trabajó como voluntaria para Cruz Roja. “Me gusta aprender cosas y aprendí mucho inglés con ellos”. Gracias a sus conocimientos de inglés y árabe, Nahla hacía de traductora y echaba una mano en distintas tareas. Aún así, “a mí no me gusta hablar de Grecia porque estos días fueron muy difíciles”.

«Me gusta vivir en España»

“Yo no me imaginé nunca saliendo de mi país”, confiesa Nahla; “es una decisión muy difícil de tomar, pero Iraq no es seguro ni para mí ni para mis hijos”. Cuando salieron del país sus entonces tres hijos tenían 9, 6 y 1 año. El plan era salir de Iraq, pero, ¿a dónde? En el campo de refugiados de Skaramagas tuvieron que rellenar un documento, les dijeron que tenían que poner ocho países a los que quisieran ir para obtener protección internacional y empezar una nueva vida. De entre esos ocho países se elegiría uno que sería al que los enviarían. “Pero no es verdad porque nosotros no teníamos España en los ocho países” y, aún así, llegaron a Almería el 29 de junio de 2017. Nahla había pedido principalmente países de habla inglesa porque conocía el idioma, pero su deseo no se cumplió. Además “toda la gente nos dijo que España no estaba bien para nosotros porque no tienen la economía bien como en otros países”. Pero no hubo opción de réplica y a los 20 días de estar en Almería se mudaron a Madrid. En España hay 991 iraquíes, de los cuales 408 viven en la capital, según el Padrón Municipal.

Instalados en Madrid, el marido de Nahla mantenía el sueño de tantos refugiados de ir a Alemania, así que se marchó para probar suerte. Mientras tanto sus hijos empezaron a ir al cole y Nahla comenzó sus clases de español, aunque no como a ella le habría gustado. “No tengo clases regulares, a veces tengo, a veces no”, se queja. Tiene el objetivo fijo, es casi una obsesión, de aprender el idioma a la perfección: “No hablaré bien hasta que hable como tú”, me dice. Ahora espera ilusionada que empiecen las clases en la Escuela Oficial de Idiomas, “lo necesito para aprender y que me den un título oficial”.

A pesar de que España no estaba en los planes de esta familia, Nahla está decidida a intentarlo. Su marido quiso que se trasladaran todos a Alemania, pero Nahla ya estaba harta de tanto viaje de refugiados y quería probar aquí, así que él volvió. “A mí me gusta mucho vivir en España”, dice Nahla mientras sonríe tímidamente. “El clima de Bagdad se parece al de Madrid y, aunque vivir en España es muy duro, también tiene otro lado muy bien para nosotros. Por ejemplo, hasta ahora nadie me ha dicho palabras malas o cosas no buenas y amigas mías que están en otros países me han contado que a ellas sí”. Nahla dice que vivir en España es duro porque “solo te ayudan dos años a los refugiados”. A ellos les quedan seis meses para que se terminen esas ayudas. “En dos años es muy difícil aprender español y encontrar un trabajo bien, creo que necesitamos más. Creo que no es justo para nosotros porque otros refugiados vienen de países que hablan español y tienen también la misma ayuda de dos años, pero ellos no tienen que aprender español. Creo que necesitamos tres años de ayuda, no dos”. Temporalmente viven en una casa pequeñita proporcionada por esta ayuda. “Tener una casa pública estaría bien para nosotros porque en dos años –los que duran las ayudas– tenemos que hacer muchas cosas. En otros países los refugiados tienen casas públicas”, reivindica. A pesar de lo cual, Nahla se reafirma: “Me gusta vivir en España, me recuerda a mi país. Aquí la gente es muy amable”. Y añade: “Para mí lo más importante es vivir tranquila, que mis hijos puedan ir al cole. Aquí mis hijos están muy alegres y contentos con sus amigos y profesoras, hablan español mejor que yo, así que estoy más tranquila porque yo siempre pienso en mis hijos”.

Nahla repite que no quería irse de Iraq, “pero aquí mejor que en mi país. Aquí hay más seguridad. Aquí yo no tengo miedo cuando mis hijos van al cole. En Iraq miedo siempre. En Bagdad siempre miedo. A mis dos cuñados los mataron”. A uno de los hermanos de su marido lo degollaron. Nahla no conoce todavía la palabra, pero lo explica pasándose el dedo por el cuello. Al otro hermano “le pusieron una bomba en su coche. Por eso yo pienso que no puedo vivir en Iraq, tengo miedo siempre”.

Nahla: me gusta vivir en España
Nahla llegó a Grecia en un bote de goma junto a su marido e hijos, el pequeño tenía 1 año.

El marido de Nahla era “mecánico de coches en Iraq”, cuenta. Un día, cuando volvía del trabajo a casa, la explosión de una bomba cercana hizo que su coche diera varias vueltas de campana, explica Nahla también con gestos. Y desde entonces “tiene un problema de espalda y no puede cargar peso”. Nahla, por su parte, es ingeniera química y en Bagdad trabajaba en una empresa petrolera y como profesora de matemáticas. “Me gusta mucho enseñar mates”, dice con cierta nostalgia. Ahora hace “vídeos en árabe para enseñar mates a mis sobrinos que están en Iraq porque yo allí les enseñaba y ahora me piden también que les enseñe, así que les mando vídeos”.

Echa de menos trabajar en una oficina y ser profesora de Matemáticas, le encantaría ser profesora en la universidad, pero la realidad es que “es difícil encontrar un trabajo como yo quiero. Y esto es lo que yo he hecho siempre, no conozco otra cosa”.  Por el momento no tiene trabajo, su marido tampoco y él todavía no habla español. “No me gusta estar sin trabajar”, así que mientras encuentra un empleo ha empezado a colaborar como voluntaria. Insiste en que no habla español muy bien, “pero lo entiendo mejor”, así que ayuda ­como traductora a otras personas –las acompaña a realizar trámites burocráticos, por ejemplo– que llevan menos tiempo en España y también tienen protección internacional.

Tarta del Barça y celebraciones

“No sabíamos nada del proyecto español ni de España cuando vinimos”, dice Nahla. Pero esto no es del todo cierto. Nahla, su marido y sus hijos son futboleros. “Yo soy del Barça desde que era pequeña”, comenta divertida. “A mi hijo de 8 años –el segundo– le gusta muchísimo el fútbol, es del Barça, como yo”. El problema es que su hijo mayor ha decidido cambiar de equipo, “se ha hecho del Madrid, como mi marido”, cuenta mientras hace una mueca de desagrado e incomprensión que termina en una sonrisa. “El de 8 años quiere ser futbolista, pero yo no quiero porque él es muy inteligente y pienso que puede ser ingeniero como yo o doctor. Me gusta que él jugar al fútbol, pero tiene también que estudiar”, vuelve a ponerse seria Nahla. Se muestra firme con sus hijos, tienen que estudiar para sacar buenas notas. Su sueño es “ver que mis hijos sean una cosa importante. Quiero que sean mejor que yo en todo, pueden hacer más cosas que yo”.

De Iraq se trajeron no solo su afición al fútbol español, sino también su afición a las celebraciones familiares. De los recuerdos que Nahla guarda con más cariño de su país son las fiestas y celebraciones. Recuerda como iban todos a casa de sus padres y se quedaban allí juntos los días que duraran las fiestas. En Madrid mantiene vivo el espíritu festivo rodeándose de amigos españoles en los cumpleaños de sus hijos. En estos eventos Nahla cocina comida iraquí en grandes cantidades para agasajar a los invitados. Pero no solo eso, al tratarse del cumpleaños de alguno de sus hijos, también prepara una gran tarta. Me enseña orgullosa el móvil donde guarda fotos de la tarta del Barça que le preparó a su segundo hijo por su cumpleaños hace unos meses. Con el mayor bromea y le dice que no le hará tarta del Madrid porque de ese equipo no hace.

Nahla tiene recuerdos de su país en paz, le gustaría volver algún día, cuando se pueda. Allí siguen sus hermanos y hermanas. Para ella no es sencillo ver las noticias que muestran las tragedias que suceden en Iraq. Es el único momento de la conversación en que se calla y gira la cabeza. Mejor no hablar de eso, aunque ni tan siquiera lo dice. Ahora Nahla es una persona distinta a la que salió de Iraq, “he cambiado mucho. Tienes que cambiar porque muchas cosas son diferentes a como antes”, dice mientras vuelve a sonreír tímidamente a pesar de la dureza de sus palabras.

13 Comentarios

  1. Martina

    Enhorabuena por cierto por el trabajo es fantástico 😋

  2. Martina

    Me ha encantado. Cuando será el siguiente artículo ?

  3. Montse

    Una forma de romper estereotipos. 🙂

  4. Susana

    Una entrevista que te atrapa y emociona. Me ha encantado!

  5. Mar C

    Un placer leerte vieja amiga! Te animo a seguir en esta aventura que ahora empiezas y que nos sigas descubriendo gente interesante, diferente y con realidades tan alejadas de la vida que tenemos la mayoria de las personas de nuestros círculos. Sobre todo que sigas consiguiendo, como en este texto, ponernos en la piel de otros por tan sólo un momento, a veces olvidamos lo dura que puede llegar a ser la vida simplemente porque, por suerte, para nosotros ha sido más fácil.

  6. Belen Blanco

    Una maravilla que nos acerques a realidades, que nos abras los ojos, que nos quites la venda de los ojos y que nos maravilles con tu forma de escribir y de contar las cosas… me tienes conquistada!!! Quiero mas!!!! Enhorabuena!!!!!

  7. Lucia

    Gracias Estrella por hacernos llegar estas realidades y haber dado voz a Nahla. Me ha encantado!

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