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Salud mental

Orgullosamente loca: ingreso voluntario… en la vida

Susana tiene psicosis, trastorno por estrés postraumático, trastorno esquizoafectivo bipolar y es PAS

“Según mi psicóloga, he sufrido tanto que me desligo de la realidad con situaciones de ansiedad o estrés. Vamos, que he sufrido por encima de las capacidades”, dice Susana con una sonrisa. Está sentada en un banco en el parque. Le gustan los parques. Susana no hace muchos gestos, pero sí cambia varias veces de postura. Fuma. Está nerviosa, lo dice nada más empezar. Profundas carcajadas salpican su discurso como vías de escape a la realidad que cuenta. Carcajadas que suenan sinceras, aunque algunas parecen fruto de esos nervios.

“Mi madre me dijo que no diera mis apellidos”, dice mientras estalla en una carcajada, “a ella le cuesta hablar de la vida propia y a mí también”. Sin apellidos entonces. Susana tiene 34 años y es de Madrid.

Susana acude a distintas terapias para tratar sus diagnósticos
La psicóloga de Susana dice que a lo largo de su vida ha sufrido por encima de sus capacidades.

Salud mental: colección de diagnósticos

“Me diagnosticaron con 19 años trastorno por estrés postraumático y con 26 empecé con psicosis. Hace dos años, con 32, trastorno esquizoafectivo bipolar, en otras palabras, estoy entre la bipolaridad y la esquizofrenia. Ah, y tengo asma”, dice con una carcajada. “Por esos tres motivos tengo un 67% de discapacidad y la incapacidad absoluta para todo tipo de trabajo. Y luego también soy PAS. Eso no me lo han diagnosticado, es una etiqueta que me he impuesto yo. Hice varios test que aparecen en libros y saqué 99 sobre 100, así que soy PAS, Persona Altamente Sensible”.

“El trastorno por estrés postraumático me lo diagnosticaron después de varios hechos traumáticos que afectaron a mi vida”. Así que, si “recuerdo algo del pasado o veo algún mínimo de agresividad, entro en shock. Puede ser ver en la calle una pelea o una discusión, a mí eso me afecta mucho”.

–¿Qué quiere decir que te quedas en shock?

–Que me quedo en blanco y lo único que soy capaz de decir es “otra vez no”. Me da ansiedad, palpitaciones, mucho estrés. Me quedo parada y empiezo a temblar.

En cuanto a la psicosis, Susana es consciente de que en lo primero que piensa todo el mundo es en la película. La psicosis comenzó con manía persecutoria y luego pasó a los delirios. “Y ya una psicosis seria es verte en una tercera guerra mundial escuchando rezos de niños sirios, como me ha pasado a mí. Puedes ver cosas, puedes oír cosas desligadas de la realidad”.

El trastorno esquizoafectivo bipolar “es muy similar a la psicosis. La diferencia está en que me fui a pasear y no volví en toda la noche”, sonríe. La parte bipolar “te hace estar depresivo o con euforia, que es como estuve yo cuando tuve la psicosis”.

El PAS “me hace tener una empatía súper desarrollada, sientes todo más intensamente, me siento más cerca de las personas para lo bueno y para lo malo. Si están alegres, te contagian alegría, y si no están bien, pues lo contrario”.

“El asma no hace falta que te lo explique, ¿no?”, dice con una carcajada estentórea que se contagia para acabar perdiéndose en la amplitud del parque.

Malos tratos, bullying y las consecuencias en salud mental

El trastorno de estrés postraumático “me viene de sufrir bullying, malos tratos físicos, psicológicos y sexuales, y de una violación –que denunció–de un amigo del que era mi pareja, que era el que me maltrataba. Llegó un momento en que no pude más y fue mi primer intento de suicidio, ahí fue cuando me diagnosticaron el trastorno”.

Susana ha vivido en Castellón y León. Eligió estos dos destinos para “cambiar de aires, pero no funcionó porque vino esta persona. Yo cambiaba de teléfono y no sé cómo conseguía el número nuevo, quién se lo daba. Me llamaba a las 6 de la mañana diciendo que era la mujer de su vida y que volviera con él”.

Susana forma parte de Orgullo Loco y Flipas GAM
Susana ha sido víctima de malos tratos y tiene varios diagnósticos en salud mental.

Como su exnovio maltratador la perseguía, Susana empezó con “manía persecutoria. Pensaba que todos me perseguían a raíz del trauma anterior. Dentro de la psicosis yo volvía a mis 18 años y a mi novio actual no lo veía como mi novio, lo veía como el que me maltrató con 18 años”.

Según la Confederación Salud Mental España, que da cifras de la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud, “se calcula que entre el 2,5% y el 3% de la población, alrededor de un millón de personas, tiene un problema de salud mental grave”, como le sucede a Susana.

“Ingresos en contra de mi voluntad”

Susana ha estado ingresada tres veces. “No era consiente, mis ingresos han sido involuntarios siempre, en contra de mi voluntad”. Por ejemplo, cuando empezó a ver a su novio actual como su exnovio maltratador, “me ponía agresiva verbalmente y me tenían que ingresar”. Del tercer ingreso recuerda cómo pasó previamente por el juez por videoconferencia; “aparecen varias personas en pantalla que te hacen preguntas, como un examen. Si lo pasas, bien, y, si no, para dentro. Y a mí me tocó ir para dentro”.

Antes del primer ingreso, que sucedió hace unos siete años, Susana y su novio de entonces estaban en Gijón en casa de unos amigos. “Veníamos de haber perdido el piso que había comprado con un novio que tuve por una dación en pago. Entonces trabajaba, pero no era capaz de mantener el trabajo por lo que me afecta a mí el estrés laboral, por eso me han dado la incapacidad”. Justo antes del primer ingreso Susana apareció medio desnuda en el barrio gitano de Gijón. “Yo entonces pensaba: si todos quieren mis cosas, pues que se las queden. Di que los gitanos son buena gente y me vistieron y llamaron a urgencias”, dice con una sonrisa. Ese ingreso duró un fin de semana.

El segundo ingreso fue en el Hospital La Paz de Madrid hace unos tres años. Susana y su novio se tuvieron que ir de casa de sus suegros. “Me intenté suicidar otra vez porque no podía con la situación de estar otra vez en la calle. Empecé con manías persecutorias, luego me vi en la tercera guerra mundial y llamaron a emergencias mis amigos”. Estuvo ingresada un mes. Los tres primeros días de su ingreso “estuve atada. Lo sé porque me lo dijeron mis familiares, yo estaba caput. Me puse muy nerviosa al llegar al hospital porque allí había como 20 estudiantes y no quise desnudarme delante de ellos para ponerme el pijama del hospital. Como me puse muy nerviosa me pincharon algo, por eso estuve los tres primeros días caput y no tengo recuerdo de verme atada”.

El tercer ingreso fue en “el Hospital Lafora” de Madrid. Estuvo también un mes. La abuela de Susana había muerto y ella seguía teniendo problemas económicos y de vivienda.

Susana ha tenido dos intentos de suicidio
Susana ha tenido tres ingresos psiquiátricos en contra de su voluntad.

Activismo: Orgullo Loco y Flipas GAM

“Formo parte del Orgullo Loco y de Flipas GAM, que es el activismo en salud mental. En el Orgullo Loco luchamos por los derechos en salud mental. Esos derechos se vulneran, por ejemplo, con la contención mecánica, que es cuando nos atan a la cama». Susana recuerda uno de sus ingresos, llegó una nueva, “era una chica con síndrome de Down, estaba muy nerviosa y la iban a atar, así que yo me puse a cantar canciones infantiles con ella para que se relajara y al final no la ataron”.

Flipas GAM se dedica a hacer algo de «activismo en salud mental pero también tiene una parte artística. Nos juntamos una vez a la semana, yo escribo, hay quien canta, pinta, hace fotos. También tenemos grupos de apoyo y yo al mío voy una vez a la semana. Estos grupos de apoyo son horizontales, sin profesionales, nos apoyamos entre nosotros”.

“Nuestros derechos también se vulneran con la sobremedicación, sobre todo cuando nos ingresan”. Susana cree que el sistema de salud mental tiene que cambiar, “hay muchas cosas a mejorar, en España estamos a la cola de Europa y tenemos que aprender de ellos. Una de las cosas que me ha gustado del Orgullo Loco es ver que en otros países de Europa tienen otras opciones”. Susana cita Noruega, con hospitales sin medicación. En Finlandia tienen “diálogo abierto, se dialoga con la persona que tiene psicosis hasta que se desmaraña el nudo. En mis tres ingresos nadie ha hecho terapia conmigo, por ejemplo, solo me veían psiquiatras para regularme la medicación. Luego está Inglaterra, allí tienen casas de crisis como alternativa a la hospitalización. Tienen parquecitos para que pasees y te relajes, haces terapia…”.

En el Hospital Lafora, Susana sí tenía un parque en el que se pasaba todo el día, ha sido su mejor ingreso, si es que se puede calificar así. Aun así, “aunque ya no sientes tanto que estás encerrada, sí sientes angustia porque lo que quieres es salir. Y mira que a mí me cuesta salir de casa, pero no es lo mismo”. Recuerda La Paz como un sitio estrecho, pequeño. Un lugar con ventanas artificiales, que “hacen el efecto de ventanas pero por detrás lo que hay son lámparas. Durante el ingreso iba por la mañana a hacer yoga hasta que me harté, estaba harta de hacer todos los días lo mismo, de comer también era siempre lo mismo: pollo y merluza. Se me hizo muy largo. Dejé de ir a yoga a pesar de que me dijeron que podía tener un informe desfavorable que retrasara mi salida, pero me dio igual. Me dejaban salir dos horas al día con mi familia, me daba angustia estar ahí encerrada, porque tienes sensación de encierro”.

Drogodependencia y medicación

Susana estuvo fumando marihuana a intervalos durante seis años de su vida. Durante dos consumió cocaína. “Empecé con la cocaína toda la época del diagnóstico del trastorno por estrés postraumático. Para mí era mi antidepresivo. La marihuana llegó cuando empecé a tener problemas económicos”.

“Salí sola de la cocaína y la marihuana, pero para salir de la dependencia a las nuevas tecnologías he tenido que pedir ayuda”. La dependencia de Susana es a las redes sociales, motivo por el cual “estoy empezando a ir al CAD, Centro de Atención de la Drogodependencia. De momento la terapia va bien, voy haciendo cosas poco a poco”.

Susana ha sufrido malos tratos y una violación
Susana cree que el sistema de salud mental tiene que cambiar y mejorar en muchos aspectos.

En cuanto a la medicación, “dar con la adecuada ya es un paso”. Hay personas que están en contra, «yo no estoy en contra de la medicación, solo estoy en contra cuando te tomas 13 pastillas al día porque no haces vida, lo único que tienes es ganas de estar en la cama. Yo tomo medicación, claro que tomo. Ahora me la han reducido a la mitad, estoy con litio, con Sycrest y me están quitando el Abilify. Ahora me siento bien con lo que tomo y he empezado a hacer cosas”.

De lo que no se suele hablar es de los efectos secundarios de la medicación. “Antes tomaba Depakine y engordé 30 kilos, ahora he adelgazado 5”, dice riéndose. “El Depakine me tocó también la tiroides, son efectos secundarios, todas las pastillas tienen”.

Las terapias como parte de tu rutina

“Voy a la psiquiatra, a la psicóloga”, dice mientras va contando con los dedos de la mano. “Las dos son por la Seguridad Social. También voy al asistente social. Por la mañana voy al centro de rehabilitación psicosocial, allí hacemos distintas terapias y nos relacionamos con las personas que tienen los mismos problemas de salud mental. Con la psiquiatra y la asistencia social tengo también otro grupo de apoyo”. Lo que hace con Orgullo Loco y Flipas GAM es algo así como una terapia extraoficial.

Días después de nuestra charla Susana tendrá una mala experiencia, “he sentido el peso del estigma que tiene la locura por parte de una profesional, que me ha dicho que no debería juntarme con personas ‘no normalizadas’. Y me ha indignado mucho lo de las personas normalizadas y sin normalizar”. Susana le había dicho que estaba orgullosa de haber salido con sus amigos en vez de estar tanto con el teléfono móvil, a lo que la profesional respondió que “no debería ir con personas no normalizadas o discapacitadas». También me preguntó si siempre había sido gorda, y me dijo que a su consulta hay que ir aseada, arreglada y maquillada”.

Empoderamiento y salud mental

Como a Susana le cuesta hablar de su propia vida “para mí es un gran paso poder hacerlo ahora, es una manera de empoderarme y poder contar mi historia. He empezado a abrirme ahora, antes iba escribiéndolo todo”. También ha sido un gran paso para ella ir a un instituto a dar una charla sobre “una vida al límite”.

A Susana ser así le “afecta para salir de la cama o para salir de casa, que me cuesta más. Pero por lo general llevo una vida bastante normal o intento que sea lo más normal posible. Salvo cuando estoy mala”, dice riéndose, “que ya te he contado lo que pasa.

–¿Mala quiere decir con una crisis o un brote?

–Sí, pero no me gusta ni crisis ni brotada. Llevo dos años sin estar mala, más que nada porque ahora detecto más los pródromos, que no sé si sabes lo que son.

–No.

–Son los inicios. Como que ahora ya reacciono al momento y voy al médico.

Ahora mismo Susana se define como feliz. “Tengo una buena pareja, que es súper importante. También he vuelto a hablarme con mis padres después de años sin hablarnos y están siendo un gran apoyo. Vivo en el presente por ahora y estoy volcada en el crecimiento personal”.

Susana es activista en salud mental
Susana no está en contra de la medicación, sí lo está de la sobremedicación.

“Ahora mismo estoy en riesgo de exclusión social. Esa es mi pequeña lucha. Estamos viviendo en casa de mi abuela, que falleció hace dos años, y llevamos ese tiempo pidiendo el piso de especial necesidad a ver si nos dan la ayuda. Mi novio trabaja en Telepizza, me gustaría que pudiera encontrar un trabajo mejor”. La pensión de Susana es “menor de 1.000 euros, pero es más alta que otras muchas. Mi amiga cobra 380, así que comparado con ella…”.

Susana sueña con tener “estabilidad, una casa fija. Lo estoy sobrellevando bien hasta ahora. Espero que no me dé otra vez por tener brote con esto. Mira, al final he dicho brote” y vuelve a carcajearse. “A mí me han dicho que a medio plazo no puedo trabajar, pero a ver qué me dicen más adelante. Con todo esto es con lo que sueño porque lo demás ya lo voy teniendo”.

“No me han llamado loca nunca, pero me lo llamo yo”, y suelta una gran carcajada. “Que sepas que yo estoy loca, es lo que hay”, dice mientras abre los brazos con las palmas de las manos hacia arriba. “Si me juzgan por eso es que esa persona no merecía la pena. Yo me lo tomo con la filosofía del Orgullo Loco de que nos intentamos apropiar del término loca y locura. Quizás si nos centráramos más en lo que nos une en vez de estar discutiendo unos con otros todo el día, avanzaríamos más».

7 Comentarios

  1. «….la profesional respondió que “no debería ir con personas no normalizadas o discapacitadas”. También me preguntó si siempre había sido gorda, y me dijo que a su consulta hay que ir aseada, arreglada y maquillada”.
    Leo esto y me quedo alucinada….no puedo entender que sigan existiendo profesionales así….como educadora social siento un poco de vergüenza,….
    Me ha gustado mucho la entrevista. Una mujer muy grande esta chica.

  2. A mí también me ha gustado mucho la entrevista. Aunque me ha chocado algo eso de la carcajada estentórea. Tal vez porque también así eran antes las mías. Quizá sólo los esquizos sepamos reírnos así. Un saludo.

  3. monica

    Ánimo Susana, seguro que se cumple tu sueño, como tu misma dices, todo lo demás ya lo vas conquistando. Cuanto por aprender de ti.
    Un saludo muy respetuoso
    Gracias Winnie :-*

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